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viernes, 31 de agosto de 2018

Más allá del neo liberalismo


Más allá del neo liberalismo
Por Álvaro Jordán M.
La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) ha publicado su propuesta técnica para incrementar el sistema tributario nacional, ya que el actual no refleja la situación creada en más de tres décadas, desde la reforma tributaria del 1986. Recordemos que esta fue el resultado del giro neoliberal impuesto a la economía por el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Paz Estensoro, con el argumento de que “Bolivia se nos muere”, cuyo resultado fue un ajuste a los ingresos del sector laboral en beneficio del empresariado nacional e internacional.
El resultado de la neo liberalización de la economía fue la pauperización del sector laboral y campesino, engrosando la marginalidad económica, obligándolos a la actividad ilegal y delincuencial para engrosar los circuitos de sobrevivencia controlados por el narcotráfico. Recordemos que esta fue la causa por la que los mineros expulsados de sus fuentes de trabajo se desplazaron por miles para conformar la economía narco productora de Chapare con tal potencial de fortaleza que se transformaron en el sector de poder central de Bolivia. En resumen, los revolucionarios nacional-fascistas una vez más engrosaban sus ingresos a costa de la miseria de los pueblos del País, al mismo tiempo que se sentaron las bases sociales para la alianza de los sectores pauperizados con los sectores indígenas, hasta ese momento, históricamente marginados de la actividad económica y de la ciudadanía nativa.
El ascenso del Secretario Ejecutivo de la Confederación de cocaleros de Chapare a la presidencia de Bolivia fue la consolidación del sector hegemónico empresarial representado por los sectores bancarios del País con los sectores marginales de la economía; aquellos son los sectores bancarios y productivos del petróleo, la minería y agroindustria, los últimos son los sectores delincuenciales de la economía como son los contrabandistas, coca productores, narcotraficantes y sanguijuelas de la burocracia partidaria. La consolidación neoliberal legitimó a una mayoría nacional sobreviviente en los intersticios económicos de la legalidad y la ilegalidad conformada por sectores comerciales, cooperativistas, empresarios y agricultores pequeños y cuentapropistas.
La propuesta actual del sector empresarial (CEPB) se asienta en ajustes a cuatro sectores de la economía: 1. Facturación de compras en efectivo, incrementando aproximadamente en 50% el universo de captación de ciudadanos incorporados al sistema. 2. Incremento del universo de aportes por jubilación cargándolo al tiempo del consumo, ampliando el universo aportante de 726.000 personas a 5,2 millones, logrando el aporte de toda la población ocupada y no cubierta por el sistema de pensiones. 3. Creación de un régimen tributario intermediario entre el sistema Simplificado y el General introduciendo información contable formal. 4. Valoración de la capacidad de pago del deudor mediante información financiera presentada al SIN, buscando alinear los intereses para acceder a mayores niveles de financiamiento.
Con el primer ajuste se busca eliminar el alivio con el que se beneficia el consumidor con las compras en efectivo. Con el segundo ajuste se busca incorporar un inmenso sector no cubierto por el sistema de pensiones, sin mencionar ningún ajuste en beneficio de los jubilados, cuyos aportes en la actualidad son abusivamente expropiados por el sector empresarial. El tercer ajuste busca incorporar a la tributación al sector simplificado, que lógicamente significará incrementos en los costos de la canasta familiar. El cuarto ajuste afecta al sector empresarial, beneficiándolo con los posibles incrementos de sus montos financiables.
No nos oponemos a la participación tributaria de todos los miembros de la comunidad, todos deben aportar en forma equitativa, pero con la propuesta empresarial se agudiza el sistema de explotación del pueblo para sostener privilegios del capital, privado y estatal, caracterizado por su naturaleza de sanguijuela.
De consolidarse la propuesta empresarial se profundizará aún más la economía delincuencial neo liberal, nacida con el slogan de “Bolivia se nos muere”, transformando la ciudadanía, en su totalidad, en cómplice de mafias oficiales y no oficiales como ha sucedido con el pueblo de México y como está sucediendo con los pueblos de Argentina, las favelas del Brasil, Venezuela, Nicaragua y otros pueblos de Centro América y el Caribe.
Con la espantosa amenaza a la inocencia chauvinista al pueblo ignaro, obnubilado por el planteamiento de “Bolivia se nos muere” todos presurosos pusieron una vez más la espalda para que sigan las sanguijuelas chupándoles la sangre. Han tenido que pasar más de 30 años para que el pueblo se empiece a dar cuenta que no es Bolivia la que se nos muere con la crisis del neo liberalismo, son las sanguijuelas del empresariado explotador las que se mueren y hay que dejarlas, y ayudar a que bien mueran.
Los pueblos no mueren, aprenden a ajustarse a los condicionantes de la naturaleza que los rodea. Ya van desarrollándose las nuevas ideas que nacen del convencimiento de ser los partidos y los miembros partidarios los que instrumentalizan la explotación con el uso del poder del Estado. Saludamos alborozados el nacimiento de las kuña mbarete y su paralelo de plataformas ciudadanas, saludamos el reconocimiento criminal de las organizaciones partidarias. Confiamos en que han de reconocer en el poder del Estado la fuerza que oprime y explota, así como confiamos en que han de tener la inteligencia suficiente para encarar las dificultades de construir una nueva estructura económica e institucional que refleje los contenidos humanos de la diversidad poblacional hasta ahora defensora de los principios de la democracia participativa que los sustentan.
En las Tierras del Libertador Grigotá,
Escuela del Humanismo Superior
Agosto 2018


lunes, 16 de julio de 2012

Derechos humanos en la crisis


Derechos humanos en la crisis
    Por Álvaro Jordán
Como venimos remarcando en distintas publicaciones realizadas en los últimos años, la crisis terminal del sistema global de mercado ha desencadenado poderosas fuerzas preocupadas por consolidar los intereses de las minorías privilegiadas, beneficiarias de la apropiación del excedente del trabajo ajeno.
El sistema de explotación del capital privado logró internalizar en el espíritu de los pueblos a la democracia representativa como mecanismo de relacionamiento y de manipulación del pueblo en beneficio de las élites, dueñas del capital, representadas por el Estado.
El sistema de explotación estatal, por el contrario, eliminó la democracia representativa para imponer su autoridad en forma dictatorial, mediante gobiernos centralistas, de expresión clasista, sustentados por el poder del Estado y en beneficio de la burocracia del partido oficial.
La lucha por la hegemonía del poder mundial entre estos dos sistemas terminó a fines del siglo XX con el colapso del sistema estatal y el inicio de la monopolaridad del poder del sistema del capital privado. Sin embargo, la economía globalizada pronto sintió los efectos de una existencia limitada de los recursos naturales, del crecimiento de las diferencias entre ricos y pobres, un crecimiento exponencial de la población, de la contaminación ambiental que amenaza la existencia misma de género humano y que desencadenaron la crisis del 2008, en mi opinión crisis terminal del sistema de poder que caracteriza la era de la civilización.
A pesar del fracaso del sistema estatal, más conocido como sistema socialista o comunista, el creciente estado de pobreza y miseria de la población, particularmente en Latinoamérica, donde las diferencias entre ricos y pobres son más marcadas que en el resto del planeta, ha sido el caldo de cultivo para su permeabilización por una  renovada y atractiva propuesta social.
Como ejemplo de este proceso tomemos el caso particular de Bolivia, donde llegó con una envoltura humanista, de reconocimiento  de una sociedad con una conformación multicultural, multinacional y multiregional, de sectores tradicionalmente marginados, como los nativos, los trabajadores, los campesinos y las regiones; con una envoltura de reconocimiento y de ampliación de la democracia representativa con la democracia directa, participativa, comunitaria y ofertas del reconocimiento de las autonomías y con una envoltura ambientalista, que garantice el equilibrio del ser humano con la naturaleza.
Luego de un brillante triunfo, dentro de un proceso democrático, el nuevo gobierno   reemplazó, arteramente, el discurso democrático con una política   centralista y sectaria, de eliminación de la oposición y de fortalecimiento de un Estado autoritario, con una proyección socialista con las carácterísticas ya conocidas de una dictadura de clase, monopartidaria y de perpetuación en el poder al margen de la voluntad del pueblo y lo que es gravísimo, ya fracasada en el siglo anterior.
Es evidente que en este proceso de concentración del poder, el desconocimiento de los derechos humanos es cada vez más desembozado y brutal. En sus inicios se imponía la voluntad del Estado sacando a las calles a los sectores sociales leales al gobierno con lo que se impuso una Constitución Política y el sometimiento del Poder Legislativo y Judicial a la voluntad del Poder Ejecutivo. Paralelamente al desencanto de los sectores sociales se los divide y se compromete políticamente la lealtad de las Fuerzas Armadas, transformándolas en los nuevos instrumentos de la represión política como sucedió con la masacre de Pando, el encarcelamiento sin juicio ejecutoriado de su gobernador y la condena de cientos de ciudadanos al exilio. La expresión nítida de la esencia del gobierno se muestra a través de su política central, la que se conoce como de protección del sector productor de la coca. Hay que recordar que el Presidente del Estado es a su vez Presidente de las federaciones cocaleras de Cochabamba, de la que , según el informe de las Naciones Unidas, se destina más del 80 por ciento a la producción de cocaína y se trafica ilegalmente por el mundo entero. Esta relación muestra el nivel ético y moral de los personeros del gobierno y sobre todo el desprecio a los derechos humanos de la sociedad nacional e internacional.
Un proceso similar se desarrolla en los países que se autoproclaman como socialistas del siglo XXI: Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y otros del ALBA en el que se ha incorporado la cincuentenaria dictadura hereditaria de Cuba. El efecto de la crisis es la reactualización de esta ideología ya fracasada y en la medida que se fortalece su poder en América, los derechos humanos son más conculcados.
En esta situación la existencia de la libertad de prensa y de pensamiento en el continente es una permanente denuncia de los abusos de estos gobiernos autoritarios en camino a la dictadura, que afecta profundamente la imagen de los gobiernos y amenaza seriamente la estabilidad de las dictaduras. Es ésta la razón por la que en este momento todas ellas han desencadenado una acoso creciente a estas libertades fundamentales para la convivencia de los pueblos, especialmente en Venezuela y Ecuador; en Cuba estas libertades fueron suprimidas hace ya medio siglo. La lucha por la preservación de la libertad de prensa y pensamiento se ha transformado en la última trinchera en defensa de la democracia y los derechos humanos en estos países del continente.
En el Primer Mundo los efectos de la crisis son todavía más desastrosos para el cumplimiento del respeto de los derechos humanos de la población. Se ha conformado un cuadro catastrófico a raíz de la crisis multifacética que está llevando a un estado agónico al sistema de economía global.  La lucha por la preservación de la hegemonía del poder y el control de la provisión de recursos naturales como la energía llevó a la invasión militar de Irak y Afganistán, sin olvidar la expulsión sistemática durante ya más de sesenta años de los palestinos de su territorio. En estos frentes de lucha abiertamente militar, la defensa de los derechos humanos se anula completamente ya que todo lo impone el poder sin ninguna consideración de las necesidades de la poblacion, particularmente la agredida, aunque también se ve afectada la población del país agresor.
Los frentes de lucha en los que el pueblo participa conscientemente es donde se dan pasos efectivos en la defensa de los derechos humanos como ha sucedido con la democratización de las satrapías árabes de Túnez, Egipto, Libia, Marruecos, Argelia, Yemen y otros en la lucha, como Siria, por nuevas metas en la defensa de los derechos humanos. Las heroicas luchas sostenidas por estos pueblos es la más clara demostración de que la primera tarea en la lucha por los derechos humanos es la concientización de las masas, la que para que sea sostenible se debe transformar en una profunda transformación cultural de toda la población.
En los países con democracias consolidadas como Estados Unidos de Norteamérica, los países europeos y otros del resto del mundo el enfrentamiento se hace en el campo no violento; Es el frente en el que la violencia victoriosa ha transformado sus éxitos en ley y la confrontación se ha trasladado al campo de la reflexión, pero siempre le queda al sector priviligiado el recurso de la coerción que la ley le reconoce al Estado. Es la tozudez del poder del Estado que impone nuevas formas de expropiación de la riqueza que queda en manos del pueblo para sustentar los privilegios de las minorías, como es el remplazo del trabajo humano por el de los robots, el incremento de los impuestos, el congelamiento de los salarios, el aumento del impuesto al valor agregado, los recortes de seguros para los empleados, los recortes salariales mediante la inflación no equivalente, en fin múltiples formas de financiar la crisis, cargándola sobre los hombros de las mayorías y transfiriendo los recursos a los sectores beneficiarios del poder del Estado.
Es evidente que este ajuste a los ingresos de la población significan duros golpes contra las necesidades básicas de la misma, en su conjunto es un agresión a los derechos humanos. La pobreza y la miseria es el alimento de las enfermedades , el origen de la delincuencia, la corrupción, la drogadicción, la criminalidad y todas las lacras de la sociedad, cuya solución sólo la darán las mayorías conscientes cuando logren imponer el humanismo.
Los gobiernos democráticos son los que mejor se han internalizado en la cultura nacional, como parte necesaria del sistema de explotación, la apropiación del trabajo ajeno en beneficio de las minorías, básicamente a causa de la manipulación de las masas educadas en los valores de los privilegiados, de esta manera son de aceptación internacional los Estados de contenidos fascistas, los que con el argumento de homogenización cultural y los intereses económicos del Estado  se impone una nación, cultura o grupo sobre las otras, dándose la situación generalizada de estar constituidos por Estados beneficiados por un coloniaje interno como ha sucedido en Bolivia en toda la época republicana, de imposición de la cultura y economía españolista sobre las naciones nativas, ahora, con los cambios del actual gobierno se impone la hegemonía aimara sobre las otras naciones, e incluso, constitucionalmente, se impone la negación del sector mestizo mayoritario. Esta relación la encontramos en cada Estado del planeta ya que el mismo está dominado por el poder.

En las Tierras del Libertador Grigotá

16 de julio de2012