miércoles, 15 de febrero de 2017

El Fin de la Historia del Poder

El Fin de la Historia del Poder
Por Álvaro Jordán
Con la caída del muro de Berlín en el 1989 y la hecatombe comunista, causante de la disgregación del imperio soviético en el 1991, quedó el imperio de los Estados Unidos de Norteamérica (EUNA), como único poder hegemónico en el planeta, imponiendo la globalización neoliberal del mercado.  
Siguiendo la experiencia de posguerra en la estructuración de la Organización de las Naciones Unidas con una dirección colectiva de cinco miembros’ el sistema del capital privado, bajo el liderazgo de los EUNA  consolidó frentes económicos con la forma de tratados de libre comercio, de  carácter regional e internacional, como el NAFTA, (1994), que fue observado por Donald Trump, y otros de carácter bilateral. Posteriormente, después de largas negociaciones, se consolidó en febrero de 2016 el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), del que se retiraron los EUNA al acceder a la presidencia de este país Donald Trump. Finalmente se encontraba en trámite de perfeccionamiento un tratado de libre comercio trasatlántico (TTIP) entre los EUNA y la Unión Europea cuando el nuevo presidente de los EUNA, Donald Trump, también anunció que no firmará el tratado.
En el transcurso de este periodo, desde la caída del imperio comunista, el 1991 hasta la fecha, se desencadenó  la crisis mundial del sistema de poder. La persistencia de la crisis a nivel laboral, la incapacidad del sistema para ofrecer alternativas a los distintos problemas por los que la sociedad atraviesa, como es el crecimiento de las diferencias entre ricos y pobres, la acumulación de la riqueza en una cantidad cada vez menor de manos, el incremento de la desocupación a causa de la necesidad de mejorar la productividad para poder mantener la competitividad, la falta de voluntad económica para solucionar los problemas de la contaminación ambiental y del cambio climático, el agotamiento de las materias primas, el descontrol del fenómeno maltusiano, aparte de las convulsiones político militares surgidas a causa de la falta de solución a los problemas sociales fue habilitando en América el resurgimiento del populismo del socialismo del siglo XXI haciendo uso de la democracia burguesa de Salvador Allende en Chile para acceder al poder y del poder brutal para conservar el poder, experimentado exitosamente en Cuba por Fidel Castro y en África la rebelión de la Primavera Árabe aspirando a reemplazar las satrapías árabes con actualizadas democracias burguesas.
En este ambiente, el capitalismo estatal intentaba nuevamente la robotización humana (transformación del ser humano en robot) con el socialismo del siglo XXI, introduciendo solo cambios cosméticos en la estrategia para la toma del poder, aprovechando la incapacidad del capitalismo privado para intentar alguna innovación social, económica o política y fortaleciéndose con un renovado Estado nacional socialista.
Ante el debilitamiento político del capitalismo privado, se ha presentado una radicalización del poder que lo sustenta, de esta manera el mundo está viviendo un resurgimiento de políticas conservadoras con fuerte contenido autoritario como las que sugiere el nuevo presidente de EUNA, Donald Trump, rompiendo las direcciones compartidas de los tratados de libre comercio y reemplazándolas con tratados bilaterales impuestos por el más fuerte, de contenido nacionalista, agudizando la condición fallida del sistema mundial de poder, como ha sucedido con la arrogante resolución de Donald Trump de construir un muro en la frontera con México con recursos mexicanos no autorizados por el gobierno latinoamericano.
Este nuevo ambiente internacional plantea nuevas relaciones económicas y de trabajo. La expoliación internacional de las riquezas de los países no desarrollados  por los países desarrollados ha generado una avalancha de desocupados hacia los países ricos en busca de los necesitados medios de sobrevivencia y el primer mundo deshumanizado los expulsa. En otras palabras la globalización se asienta en la explotación internacional de las riquezas en manos del capital globalizador del primer mundo, pero no reconoce el derecho humano de compartir sus beneficios con los pueblos del segundo mundo, generadores de estas riquezas.
Por otro lado las políticas nacionalistas garantizan el mejoramiento económico y social de los ciudadanos originarios, apoyado en el reemplazo de la mano de obra humana migrante por robots, androides y/o ciborg que ha empezado a desplazar a la masa trabajadora hacia el abismo delincuencial ya reflejado en la condición fallida internacional cuyos ejemplos extremos son México, Colombia, Venezuela en América y Somalia, incluyendo África Central y África Oriental en el continente africano cuya dispersión aspira Donald Trump evitar en su territorio. Esta política se está expandiendo al resto de países del primer mundo, condenando a los países del segundo mundo a mantenerse en su condición de territorios abiertos para la expoliación de las materias primas baratas necesarias para la fabricación masiva de los robots de bajo costo del nuevo imperio de poder centralizado del primer mundo.
Se está ingresando a un nuevo sistema social y económico asentado en la apropiación a nivel mundial de  las riquezas naturales en beneficio de la población del primer mundo para la fabricación de robots baratos encargados de la producción en una nueva sociedad en la que el segundo mundo se habrá transformado en un territorio ocupado por esclavos manejados por los robots bajo el control de las elites empresariales del primer mundo.
Este panorama económico social de una sociedad homogeneizada por un mundo  robotizado estaría planteando el fin de la historia del poder ya anunciada en otros términos por Francis Fukuyama, como siempre utópica, porque el ser humano por su esencia humana no aceptará de ninguna manera la condición de esclavo y se verá obligado a luchar una vez más por su libertad eliminando el poder que lo esclaviza, esto es la explotación del empresariado y el poder que lo sostiene, reivindicando para si la calidad de único propietario del producto de la fuerza de trabajo y de las riquezas naturales que existen en el planeta. Estas dos condiciones son las bases económicas de una sociedad humanista, que para diferenciarla de tantos humanismos mediáticos hasta ahora propuestos, la hemos denominado como la sociedad del Humanismo Superior.
En las Tierras del Libertador Grigotá
Febrero de 2017.



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