miércoles, 24 de noviembre de 2010

La Identidad del Ser Cruceño

Por Álvaro Jordán
Generalidades
La reflexión sobre la identidad del ser cruceño, entendida ésta en su interrelación espacial y temporal con los otros, se debe realizar a partir del análisis de sus componentes básicos, los que emergen de la definición filosófica expresada como que la “identidad[1] es la relación que cada entidad mantiene sólo consigo misma”.
Sin embargo el tratamiento de la identidad del ser[2] implica el reconocimiento de que ésta se encuentra constituida por un universo de subconjuntos[3] identitarios de tipo cultural, histórico, territorial, étnico, social, económico, ecológico, de género, biológico, religioso, etc., que están en permanente movimiento, están en permanente cambio, de acuerdo con el principio de que “el movimiento es un atributo universal, una forma de existencia de la materia[4]”.
Es una compleja relación de conjuntos, subconjuntos y superconjuntos de la que se debe tener conciencia clara sobre cuales son los que constituyen la identidad del ser cruceño, cuales son aquellos con las que el ser cruceño tiene relaciones complementarias, incluyentes y/o concurrentes, que permitan un accionar coordinado y así mismo identificar los conjuntos que se plantean como divergentes o excluyentes y con ello esclarecer las estrategias acordes al interés del ser cruceño.
Aproximando estos conceptos a la identidad del ser cruceño, a modo de ejemplo introductorio, su tratamiento como conjunto implica el reconocimiento de sus relaciones: con subconjuntos, estos pueden ser las identidades de las autonomías municipales, las etnias nativas y mestizas, sociales, de género, todas las presentes en el Departamento cruceño; con otros conjuntos como son las identidades de los otros ocho departamentos de Bolivia con los cuales Santa Cruz puede tener relaciones complementarias como es conformar un interés común que se exprese en la consolidación de la unidad de Bolivia, siendo Bolivia un súper conjunto que los contiene. Puede tener relaciones concurrentes como es el interés común con Beni, Pando, sectores del chaco tarijeño y chuquisaqueño, del trópico cochabambino y del norte paceño por el fortalecimiento de una base cultural común. Puede tener relaciones incluyentes como es la disposición del cruceño a incorporar en su cultura elementos de otras culturas como es la introducción de tecnologías modernas en su sistema productivo.
Las relaciones divergentes se han dado históricamente con la disposición de sectores económicos del Altiplano por asociarse con los intereses económicos de Perú y Chile[5] sin ninguna consideración por los intereses de Santa Cruz, Beni, Pando y otros departamentos del país. También se puede mencionar la política neocolonial del gobierno actual al importar profesionales extranjeros (cubanos y venezolanos) para atender necesidades de salud y educación en lugar de apoyar a los profesionales bolivianos, en un periodo de crisis económica y urgencias de fuentes de trabajo.
Finalmente se pueden presentar relaciones excluyentes como son las que se dan entre el derecho natural de los cruceños, benianos, pandinos y nativos al disfrute de las riquezas de su territorio frente a pretensiones de algunos sectores excluyentes de Los Andes, quienes insisten en apropiarse de ellas con un pretendido derecho que se arrogan por ser bolivianos, así como también las ambiciones aymaras de imponer su cultura, silenciando las otras mediante un estado colonial. Las políticas neocoloniales del gobierno central son relaciones peligrosamente excluyentes, por sus efectos divisionistas y por que su persistencia, en muchos otros lugares, ha tenido efectos genocidas y divisionistas. No olvidemos que la política centralista colonial de España trajo la separación de América; las pretensiones bonapartistas de Bolívar trajeron la separación de los países liberados por éste; el centralismo ruso llevó a la división de la Unión Soviética y algo similar sucedió con Checoslovaquia y Yugoslavia así como los genocidios causados por las guerras étnicas en África. Al final la historia está llena de ejemplos catastróficos como efecto del rechazo al centralismo colonial.
El primer aspecto a resolver para aclarar este complejo conjunto de relaciones es lo que se entiende por “identidad del ser cruceño”, en base a ello identificar el horizonte que pueda orientar el “porvenir del ser cruceño” y por último, a partir de estos dos esclarecimientos, reconocer el ambiente del “ser cruceño más allá de Santa Cruz”.
Siendo la identidad del ser un proceso histórico social, la línea central de reflexión de este documento busca interpretar la corriente que sostiene que el reconocimiento de la identidad del ser es un proceso de autovaloración que se gesta dentro de sí mismo, es decir que se trata del desarrollo de la conciencia social. Se trata de responder los temas de la identidad[6] cultural, étnica, lingüística, religiosa, nacional, supranacional de la comunidad cruceña, reconocer sus intereses y plantearse una ruta de dignificación humana y sostenible para el ser y para la naturaleza. Es en este proceso de auto reconocimiento[7] en el que se indaga ¿quiénes somos? ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué queremos ser? En sus respuestas se encuentran los elementos de cohesión y de autoestima, así como de dignificación del ser cruceño y el origen del profundo apego de este pueblo a los principios de la libertad, de la paz y la democracia.
Parafraseando a Olivia Gall[8] digamos que los miembros identificados con el ser cruceño son los que se sienten dueños del Departamento de Santa Cruz, de una historia, una cultura e intereses específicos, que los hacen sentirse idénticos. Tal sentimiento, dicha certeza de su calidad de idénticos, funciona como una especie de argamasa invisible, que aglutina el conjunto y da coherencia a la vida de los cruceños, fortalece la conciencia; les despierta el sentimiento de pertenencia y el de diferencia respecto de los otros para que, a su vez, éstos los reconozcan diferentes.
Como podemos ver, la identidad del ser no solamente se reconoce como un fenómeno en sí mismo, sino como un fenómeno en oposición a otras identidades[9], académicamente conocido como la otredad.
La inconsciencia en relación a la identidad es origen de la autoexclusión del resto de la sociedad y su irremediable achicamiento, lo que permite afirmar, junto con Marc Augé[10], que “Un grupo que se repliega sobre sí mismo y se cierra, es un grupo moribundo”.
La reciente experiencia cruceña y su larga historia enseña que la falta de un accionar coordinado entre los distintos sectores constituyente del conjunto departamental producen el efecto de una neutralización interna de los esfuerzos invertidos en la consolidación regional y no pocas veces de derrotas irreparables,  es lo que sucede con la divergencia entre las identidades nativas y mestizas y las inconsecuencias de los partidos nacionales en la defensa de la autonomía. Las dubitaciones y retrocesos en la lucha por consolidar un camino para avanzar nos están planteando la necesidad urgente de ocuparnos seriamente en esclarecer el tema de la proyección de la identidad cruceña. La falta de un horizonte clarificado, cuando ya se había alcanzado un importantísimo núcleo de siete prefecturas autonomistas, (Pando, Beni, Santa Cruz, Tarija, Chuquisaca, Cochabamba y La Paz) para la conformación de un frente de proyección nacional, fue un duro golpe contra la consolidación democrática de nuestra sociedad. Por estas razones, su esclarecimiento es fundamental para el desarrollo armónico y seguro del conjunto poblacional. Para ello aquí se hace un análisis resumido de los elementos centrales que hacen a la identidad del ser cruceño y su proyección. Estos son los principales aspectos históricos y culturales que distinguen en el tiempo a la población de Santa Cruz, así como sus intereses económicos, sociales, territoriales y otros más destacados en su interrelación con el resto de Bolivia. 
Población, cultura, historia e identidad
El habitante de Santa Cruz, como ser social e histórico, se distingue por su lucha permanente en busca de su autoafirmación, por la defensa de su cultura, de su territorio y de sus riquezas, en resumen es una larga lucha por la defensa de sus intereses, que se remonta a la época precolombina cuando se defendía frente las agresiones del Tawantinsuyö[11] y los guaraníes, posteriormente, una larga defensa contra la invasión española y finalmente frente al neocolonialismo altiplánico.
La población cruceña tiene básicamente dos orígenes bien diferenciados: los nativos, que ancestralmente ocuparon estos territorios, y los españoles que llegaron con afanes coloniales. A ellos hay que agregar migraciones del Altiplano, que se producen a lo largo de toda la historia cruceña, acentuándose en los últimos 50 años, pequeñas migraciones de esclavos africanos de la época colonial, algunos comprados, otros que escapaban de la colonia portuguesa, y nuevas migraciones de los yungas, así como migraciones de distintas partes del mundo, posteriores a la colonia, de origen argentino, alemán, japonés, árabe, italiano, brasilero y de otras nacionalidades de menor significado.
Esta conformación poblacional permite distinguir tres periodos histórico-culturales que hacen al ser cruceño, el que, con el devenir del tiempo, se transformó en lo que actualmente se intenta reconocer como la identidad del ser cruceño. Los hemos identificado como periodos nativo, colonial y neocolonial.
Periodo nativo.
La población nativa es la propietaria primigenia del continente americano. Es una mezcla de todas las razas que poblaron los mundos eurásicos, africanos y oceánicos, llegados al continente en diversas oleadas migratorias.
Las primeras migraciones, pre-mongólicas[12], ingresadas por el estrecho de Bering[13] constituyen el sustrato de la población nativa americana, Su llegada, la ubican los especialistas haberse producido entre los 10[14] y 60 mil años del último periodo glaciar. Posteriormente, se produjeron varias olas migratorias, bastantes distanciadas en el tiempo, de diferentes orígenes y con distintos niveles culturales, dentro del estadio del salvajismo. Una segunda vía de ingreso al continente es la que el investigador Méndez Correa[15] sostiene, que vinieron desde Australia, por el sur del continente, 6.000 años a. n. e.[16] y dieron lugar a pueblos, ahora conocidos como onas, alkalufes y yaganes.
La tercera vía de ingreso correspondió a las migraciones provenientes de Indonesia y Filipinas, llegadas por las costas del Pacífico[17], 3.500 años a. n. e. Nuestras poblaciones nativas están más directamente relacionadas con éstas, llegadas por las costas de Colombia, Ecuador y Perú. A ellas corresponden las migraciones guaraníes, caribes y arawak.
La primera, la guaraní, se desplazó hasta los territorios comprendidos entre el rio Paraguay y la costa atlántica y dio origen a la familia tupí-guaraní, posteriormente en su afán mítico por encontrar la Tierra sin Mal, también llamada Kandire[18], se desplazó hacia el oeste formando núcleos importantes en distintos lugares de la cuenca amazónica y platense. La segunda, la migración caribe, encontró su nicho en las costas del Orinoco y las Antillas Menores, algunos etnólogos sostienen que sólo se trata de una rama guaraní. La tercera, la familia arawak, se extendió, por el sur, hasta el Chaco argentino, cubrió la cuenca amazónica, entre la cordillera andina, el río Paraguay y Tocantins, la costa norte de Colombia, Venezuela y Guayanas, llegando a poblar las Antillas Mayores, parte de Centroamérica e incluso el sur este de Norteamérica. Esta migración fue la más extendida en el continente, es la familia lingüística más importante de América y traían un desarrollo cultural superior a las que llegaron antes, tal vez correspondiendo al estadio de la barbarie superior.
Los distintos orígenes de las migraciones, así como las distintas épocas en que se produjeron explica la presencia de una mezcla de rasgos pertenecientes a variados grupos raciales. Existe un sustrato generalizado en el continente de origen mongol, con cabellos negros y lacios y ojos semirrasgados, sobre ellos existe una superposición importante de rasgos perteneciente a pueblos nativos en los que se distinguen cabellos de color castaño oscuro, levemente ondulado y narices aguileñas, de características caucásicas[19], incluso sin relación con la raza mongola. De igual manera la variación de la piel va desde el moreno claro amarillento, como algunos nativos de las llanuras amazónicas[20], hasta el bronceado oscuro de pueblos del Altiplano. En esta mezcla racial se impusieron las lenguas de las culturas más avanzadas, de las que se derivaron múltiples dialectos, por lo que es más apropiado hablar de familias lingüísticas que cubren el continente, ya que el ordenamiento por razas no ha sido posible.
El territorio de Bolivia estuvo ocupado por muchas etnias, gran parte de ellas actualmente desaparecidas. Resumiendo[21] lingüísticamente, las que quedan y de acuerdo a su distribución geográfica son:
En Santa Cruz, al oeste del río Guapay, en la llanura del Gran Grigotá, están los chané, pertenecientes a la familia arawak, sustrato nativo del cruceño citadino, ocuparon los valles mesotérmicos hasta el norte de Chuquisaca, ahora mestizados con el nombre de Mojocoyas y llegaron hasta Mizque en Cochabamba; por el sur ocuparon hasta el Chaco argentino. En el Chaco boliviano, fueron mestizados por los guaraníes, adoptaron este idioma y como chiriguanos[22] isoceños, ocuparon la Llanura de los Chanés, entre los ríos Guapay y Parapetí y el área de influencia del bajo Parapetí, con acentuación en las cualidades chanés, y los del sur, conocidos como chiriguanos avas, con cualidades guaraníes más pronunciadas. Al este de Santa Cruz, mestizados con pámpidos constituyeron los chiquitanos, cuyo idioma es el bésiro, ocuparon el territorio de las provincias de Chiquitos, Velasco, Ñuflo de Chaves, Sandoval y Busch; al norte están los guarayos, mestizos de chané y guaraní, el idioma es el guaraní; La etnia guarasugwe, conocida como pauserna, se ubica entre Santa Cruz y Beni, provincia Ñuflo de Chaves e Iténez, municipio de Concepción y Magdalena, su idioma es el guaraní. Los sirionó es una etnia de origen amuriano[23], con su lenguaje guarayanizado, asentada en el norte de Santa Cruz. Los tapieté[24], cuyo nombre significa chané verdadero, son mestizos de guaraní con chané, su lengua es un dialecto guaraní, se encuentran sobre el río Pilcomayo en Tarija, aunque también existen en Paraguay y Argentina. La etnia weenhayek está en los municipios de Villamontes y Yacuiba, de las provincias Gran Chaco y Yacuiba del departamento de Tarija, se los conoce como matacos, tienen un idioma propio. Los zamucos tienen dos ramas los chamacocos al sur, en el Paraguay y en Santa Cruz los ayoreos, gente de reconocido heroísmo bajo el nombre de yanahíguas por su amor a la libertad. Los yuracaré, de origen lingüístico no clasificado, estaban en los departamentos de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y una parte de Beni, están ahora reducidos a la zona de los ríos Chapare, Ichilo y Securé. Los yukis estaban en el territorio de Santa Cruz pertenecen a la familia guaraní, se encuentran en la provincia Carrasco de Cochabamba. Los mojeños, junto con los baure y los chané fueron las etnias más desarrolladas culturalmente de la región amazónica boliviana y son los grupos más auténticos, de origen arawak, los otros corresponderían a grupos arawakanizados; su territorio se conoció como la Moxitania[25], Moxos, Paitití, Kandire, El Dorado o Enín, son antiguos nombres de la región de los mojos. Los idiomas mojeños modernos, el trinitario, ignaciano, javeriano y loretano, son dialectos. Los baures, pertenecen a la misma familia arawak y tienen un idioma propio. Si Beni es hoy de Bolivia, se debe a la valentía de los pueblos mojos y de las otras reducciones de Moxos quienes la defendieron con valentía de las incursiones portuguesas en los años de 1722, 1760, 1763 y 1764. La etnia maropa tiene lengua propia, de la familia lingüística Tacana[26], se ubican en los municipios de Reyes y Santa Rosa de la provincia Ballivian de Beni. La etnia moré ocupaba el territorio ubicado entre los río Itenez y Mamoré, hasta cercanías de la misión de Exaltación y los ríos Machupo, Itonama y Blanco de Beni, pertenecen a la familia chapacura[27]. La etnia canichanas está en el municipio de San Javier de la provincia Cercado de Beni, su familia lingüística no se ha clasificado aún. La etnia cavineño se encuentra en los departamentos de Beni y Pando ocupando las provincias Vaca Diez y Ballivián, Madre de Dios y Manuripi, pertenecen a la familia lingüística tacana. La etnia cayubaba se ubica en el departamento de Beni, provincia Yacuma y el municipio Exaltación, y su idioma es el cayubaba. La etnia chácobo se ubica en Beni, provincia Vaca Diez, Yacuma, Gral. Ballivián, municipio Riberalta y Exaltación, pertenecen a la familia lingüística pano. La etnia chimán se ubica en Beni, provincia Ballivián, Mojos, Yacuma municipio San Borja, Rurrenabaque y Santa Ana, el idioma es el chimán. La etnia ese-ejja se ubica en Pando, provincia Madre de Dios y en el municipio Gonzalo Moreno, también existen en comunidades ubicadas en la provincia Iturralde de La Paz y son de la familia lingüística tacana. La etnia itonamas se ubica en Beni provincia Iténez y Mamoré; municipio Magdalena Baures, San Ramón y San Joaquín con familia lingüística no determinada. La etnia machineri pertenece a la familia arawak y se encuentra ubicada en Pando, provincia Nicolás Suárez, municipio Bolpebra La etnia mosetén se encuentra entre La Paz y Beni, provincia Sud Yungas, Ballivián, municipio de San Borja y Palos Blancos. La etnia movima se encuentra en Beni, provincia Yacuma, municipio Santa Ana del Yacuma, Exaltación, San Joaquín, San Ignacio, San Borja y Reyes, su familia lingüística está aun indeterminada. La etnia pacawara se encuentra entre Beni y Pando, provincia Vaca Diez, Manuripi; municipio Riberalta, su lengua es de origen Pano.  La etnia tacana se ubica entre La Paz y Beni, provincia Iturralde, Ballivián, Vaca Diez, municipio Ixiamas, San Buenaventura, Riberalta, y su lengua es la tacana. Los toromona, ubicado en La Paz, provincia Iturralde en el Alto Madidi, cuya familia lingüística es la Tacana. Los araonas está ubicada al norte de La Paz, provincia Iturralde, municipio Ixiamas, su lengua pertenece a la familia tacana. La etnia lecos en La Paz, provincia Larecaja y Franz Tamayo, municipio Guanay y Apolo y su familia lingüística es leco o lapa lapa. La etnia kallawaya se encuentra en la provincia de Bautista Saavedra, de La Paz, su lengua es de origen puquina, aunque hablan quechua. Se cree que el Puquina era la lengua de los tiwanaku. La lengua quechua, cuyo nombre original es runa shimi[28], los Incas la difundieron como idioma oficial para los pueblos que conquistaban, se impuso en los departamentos de Chuquisaca, Cochabamba, Potosí, Oruro y La Paz. La lengua aymara se encuentra en La Paz, Oruro y Potosí, los que conformaron el Qullasuyu[29]. El pueblo Uro-chipayas está ubicado en provincias de La Paz y Oruro, cuya lengua es de la familia lingüística uro, antiguamente hablaron el puquina.
En este conjunto de familias lingüísticas, presentes en el territorio de Bolivia, se distingue claramente la existencia de dos procesos culturales completamente diferenciados: el de los valles y llanos y el del Altiplano.
Siendo la cultura étnica, en nuestro trabajo, parte sustancial de la identidad del ser cruceño, es importante entender el entorno como efecto determinante de la modificación de las culturas[30], como explicación de la afinidad cultural de las comunidades de la cuenca amazónica-platense y su profunda diferenciación con las comunidades andinas.
Los pueblos de la cuenca amazónico-platense, si bien es cierto, tienen una infinidad de lenguas y dialectos, se encuentran inmersos en un ambiente más o menos homogéneo: bosques con abundancia de flora, fauna y agua, terrenos abiertos, generosos para la agricultura, con clima cálido, transformaron a la gran mayoría de ellos en pueblos sedentarios y agricultores, que se alimentaban básicamente de maíz, complementaban con yuca, camote, frejoles, zapallos, maní, todos productos de su trabajo, además de frutas que aprendieron a cultivar, algunas silvestres, y en forma secundaria la proteína obtenida de la caza o la pesca. Disfrutaban de la naturaleza y dentro de ella de la belleza corporal.
Toda la superficie de los valles y llanuras estaba cubierta de infinidad de comunidades integrando una sociedad de trabajo en equilibrio con la naturaleza, generándoles una religión animista. Producían sólo lo que necesitaban, no aprendieron a acumular excedentes. Si éste se producía lo distribuían generosamente en la familia o la comunidad a través de fiestas de amistad, razón por la que las funciones administrativas eran de carácter voluntario.
Se organizaban en comunidades soberanas, asentadas sobre la voluntad de individuos libres, en cuya agrupación, la asamblea comunitaria, se forma la voluntad social de individuos libres; mantenían la independencia unas de otras, se esforzaban por cultivar la amistad entre vecinos y comunidades mediante intercambio de regalos, de mujeres y de fiestas. El jefe de la comunidad era seleccionado en aplicación de lo que actualmente se conoce como la democracia directa, privilegiando las cualidades de servicio, valentía y dedicación a la comunidad, aunque posteriormente con la influencia de los estados imperiales empezaron a introducir criterios hereditarios para su selección. Preservaron, en muchos casos, un periodo de prueba para su confirmación.
No tenía administración, Estado, ni ejército, a causa de su espíritu libertario y la ausencia de excedentes para proveer su sustento. Solo en situaciones de agresiones externas se constituían en una confederación defensiva, en la que cada miembro de la población se transformaba en un guerrero y así lograron muchas veces constituirse en una imbatible fuerza defensiva como lo hizo El Gran Grigotá. Superado el problema guerrero, la fuerza defensiva se disolvía y todos volvían a sus actividades normales.
La democracia participativa nativa fue superior a la democracia griega ya que en la de los americanos todos trabajaban, no poseían esclavos, participaban las mujeres, integraban a los extranjeros y para los jóvenes nativos tenía un profundo contenido pedagógico. Debían trabajar y ejercer simultáneamente la democracia. La democracia griega se asentaba sobre el trabajo esclavo, las mujeres eran excluidas así como los extranjeros.
En cuanto a lo sagrado consideraban a la naturaleza como hermana[31] del ser humano, que “tiene sentimientos y expresa sus alegrías y preocupaciones frente al hombre”, nos dice J. Riester (1984 p. 29 a 31), generosa o terrible según su comportamiento. Creían que todos los elementos del mundo natural inanimado tienen esencias espirituales terrenales (montañas, ríos, lagunas montes, etc.) así como los animales, cuyas esencias eternas eran parte de la bóveda celeste, a las que podían invocar con rezos, cantos, bailes y ritos en busca de ayuda para enfrentar la vida.
En la Amazonia boliviana existió una cultura muy avanzada, tecnológica y científicamente; la cultura hidráulica de Mojos, cuyos restos arqueológicos la colocan como una de las más antiguas del continente[32], junto con las culturas de “Terra Preta” de la Amazonia y que debió exigir la existencia de una compleja estructura administrativa para lograr los extraordinarios trabajos allí consolidados[33]. En el siglo IX colapsó a consecuencias de una sequía excepcional[34], de más de 200 años de duración. La ausencia de recursos materiales obligó a desarrollar los recursos espirituales, condición para la generación de una cultura de profundo contenido espiritual, encontrada en el momento de la invasión española e identificada como Cultura Chané[35] y cuyas características están resumidas más abajo.
La sequía fue de alcance continental, transformándose además en la explicación del colapso de la cultura tiwanakota y de la cultura maya, acontecidos en la misma época.
Por otro lado, los pueblos de la cuenca amazónica-platense sufrieron las invasiones del imperio incaico y las invasiones de los pueblos guaraníes, de cuya interrelación se estableció lo que se resume como valores de la Cultura Chané.
Valores de la Cultura Chané[36]. En la cuenca amazónica-platense hubo una variedad de culturas étnicas, cuya diferencia principal es el idioma, sin embargo se puede reconocer una familiaridad cultural y religiosa entre ellas. Siguiendo la orientación dada en Kandire, (2005, p. 56 a 76) los valores sobresalientes de la cultura de estos pueblos los podemos resumir como sigue:
El trabajo. Sustento de una sociedad libre, asentada en la agricultura. Principio fundamental que permitió a esta prodigiosa cultura adaptarse a valores imposibles de entender por los españoles de aquella época y ahora, con el pensamiento moderno se puede admirar su elevado contenido ético y estético.
Relaciones pacíficas. El arribo de los invasores a las costas americanas fue agasajado con gestos de amistad. El comportamiento de los chanés a lo largo de su existencia demuestra que las relaciones pacíficas estaban comprendidas en su estilo de vida. No poseían una organización militar permanente y sus guerras sólo fueron defensivas.
Sociedad libre. Se asentó en individuos libres, dueños de su producto del trabajo, cuyos intereses se socializaban en la asamblea comunitaria, dentro del respeto a los intereses de los diferentes. Este espíritu de libertad les dio valor para defender su cultura por más de tres siglos.
El respeto al otro. Significa que la forma de ser de cada cultura debe ser respetada. Fue tremenda lección de integridad y autorespeto la que dio Guayari Bacuire Yundayrú, Mburuvicha Guazu de Tentayape al Presidente Evo Morales Ayma en una visita que le solicitaron para “poder conversar”. Acostumbrado a las visitas de pedigüeños y serviles, el presidente preguntó torpemente “cuáles eran sus pedidos”, la que fue respondida con una dignidad que dejó a todos perplejos y es posible que muchos no entendieron el mensaje cuando Gayari respondió: “no venimos a pedirle nada, nosotros estamos bien. Sólo queremos ofrecerle nuestras tierras para cuando usted necesite descansar”… “Lo único que le hacemos conocer es que Tentayape es un territorio cercano al pozo de petróleo de San Alberto, nosotros seremos vigilantes para que no se hagan más heridas a la tierra y no permitiremos que pasen nuestros límites”[37]. Aparte de la gentil visita, le ofrecían su amistad con la invitación a sus tierras para descansar, al mismo tiempo que le venían a hacerle saber que no se dejaban comprar con ningún pedido que pudiera comprometer su integridad, y esto estaba relacionado con la segunda parte del mensaje, motivo central de la visita; le comunican que no aceptaban pozos petroleros en sus tierras y que no permitirían la invasión de su territorio. Con ello habían ido a plantear, en la forma más firme y delicada posible, ser respetados y que todo lo que suceda en el futuro será responsabilidad del gobierno.
Espíritu democrático. Asentados en el valor del intercambio del conocimiento (don de la palabra) desarrollaron una democracia muy avanzada, la democracia participativa. Importantísimo instrumento de capacitación colectiva, de socialización de la libertad individual, así como de búsqueda de acuerdos a satisfacción de todos.
Equilibrio con la naturaleza. Tenían un profundo respeto por la naturaleza, ya que la consideraban hermana del ser humano, que premiaba o castigaba según el uso que le daban. Sus actividades eran sumamente consideradas con su hermana La Naturaleza.
Poder desde las bases. La autoridad emanaba del diálogo participativo que se realizaba en las asambleas comunitarias. Las representaciones superiores obedecían y respondían a las bases.
Relaciones humanistas. Era una sociedad centrada en la vida del ser humano y su hermana la naturaleza. Una sociedad libertaria cuyas relaciones no estuvieron coaccionadas por el Estado, sencillamente prescindieron de él.
Sencillez. Es un atributo de extraordinario contenido humano de nuestros ancestros. Las difíciles condiciones sufridas durante la sequía del siglo IX los obligaron a adoptar una vida sencilla. Aprendieron a valorar la naturaleza y dentro de ella, en la desnudez, la valoración de la belleza del cuerpo.
Cultura incluyente. La acogida amistosa de los extraños tenía el propósito de conocer nuevas formas de vida para incorporar en la suya aspectos complementarios y adaptar las suyas a nuevas condiciones.
Generosidad. Los primeros españoles fueron obsequiados con comida para toda la hueste. Así relata Ruíz Díaz de Guzmán[38] en su libro La Argentina, el viaje del Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca y así relata Cristóbal Colón[39] su primer encuentro con los nativos de la isla Guanahani y muchos más. Es el origen de la frase “es ley del cruceño la hospitalidad”[40].
Solidaridad. La máxima manifestación de solidaridad se manifestaba cuando eran agredidos por los españoles. A pesar de estar constituida la sociedad por comunidades independientes, éstas inmediatamente se confederaban para realizar una defensa común. La producción se distribuía solidariamente entre todos los miembros del grupo. Atendían solícitamente a los niños, huérfanos y a los enfermos sin familia.
La alegría de vivir. Fue una característica del ser de la llanura. Su efecto sicológico lo utilizaron para conseguir el mejor ambiente en las reflexiones comunitarias. La oferta de una fiesta al final de las asambleas era un regalo para la comunidad por haber encontrado las soluciones para los problemas.
Andinos. La cultura de los pueblos andinos, cuya expresión más representativa se encuentra en la civilización de Tawantinsuyö, también es reconocida como Imperio Incaico. En el momento de su máxima expansión cubrió, de norte a sur, la Cordillera Andina desde el rio Mayo[41] en el sur de Colombia, hasta el rio Maipo de Chile, de este a oeste, en la franja comprendida entre la cresta de la Cordillera Oriental Andina y el océano Pacífico. Fue una sociedad de contenido teocrático, con una religión panteísta, con un poder absoluto concentrado en el Inca, el mismo que se consideraba de origen divino, así como los miembros de su familia. Su dios principal es el sol y la tierra, introduciendo subliminalmente una actitud servil, impuesta desde el poder, la consideran “La Madre Tierra”.
En la parte boliviana del Altiplano existió una vieja cultura, la tiwanakota, que se remonta a 1700 años a. n. e., tuvo su máximo esplendor, de carácter imperial, entre los siglos VII[42] y IX d. n. e. y luego entró en una etapa de decadencia total, por causas internas de tipo socioeconómico[43] transformándose en una serie de señoríos kollas[44], llamados así por su preeminencia aymara y por su pertenencia al Kollasuyo. Otros autores son más específicos e indican la presencia de circunstancias vinculadas a una desastrosa y larga sequía[45] como origen de la decadencia. La misma que provocó el colapso de la cultura Mojo y la cultura Maya[46].
Estos señoríos aymaras estaban asentados sobre comunidades conocidas como ayllus, posiblemente al inicio, de características similares a las más arriba descritas. Fueron sometidas por el imperio incaico en el que se integraron como parte de la administración vertical del Inca, conformando una estructura dominante feudal sobre una base de esclavismo asiático, al mismo tiempo que se acentuó la mezcla aymara y quechua.
Diferencias culturales. Hay dos opiniones sobre el origen de las diferencias culturales. La sostenida por Fredrik Barth, quien empieza afirmando: “la cultura común a un grupo étnico, más que una caracterización primaria definitiva de su organización social, sería su resultado”, es un cuestionamiento del concepto de etnia como categoría inmutable.
En términos marxistas significa, que la cultura como parte de la superestructura[47] social, está determinada por la estructura, de la que forma parte el medio. Continuando con el pensamiento de Barth, que nos explica: “esas formas manifiestas (de la cultura) están determinadas por la ecología y por la cultura transmitida, y en función del tipo de adaptación al contexto natural y al contexto social en que se encuentra un grupo”.
La segunda propuesta como origen de las diferencias culturales en el continente americano la proporciona Ibarra Grasso, quien dice que las migraciones[48] que llegaron a América serían las que introdujeron los distintos niveles culturales que existían en el continente al inicio de la invasión española.
Por supuesto que también ha existido un proceso de adaptación a las nuevas circunstancias, de acuerdo con Barth, con las que se encuentra el individuo y también de creación propia, de asimilación, fruto del intercambio con otras categorías culturales o adscripción a componentes culturales externos.
En cuanto a los aspectos históricos de este periodo, que hacen a la afirmación de los valores de nuestras culturas, hay que decir que la esencia contradictorias de estas dos categorías culturales impiden permanentemente un entendimiento complementario o integrador.
La cultura de los pueblos de valles y llanuras, identificados también como camba[49], está fundada en un irrenunciable principio de la libertad, expresado en la democracia interna, jamás alcanzada por otra cultura del llamado mundo occidental. En cambio la cultura de las hegemonías altiplánicas, así como las europeas, se sustentan en una aspiración imperial, esto es el ejercicio del monopolio del poder para garantizar sus necesidades de expansión. Esta contradicción antagónica entre libertad y sometimiento se mantiene en la actualidad entre el gobierno colonial del MAS y las poblaciones de valles y llanos, es la que ha impedido el establecimiento de lazos de integración positiva entre estas dos culturas y así se mantendrá mientras se siga imponiendo la cultura del poder[50]. Alimenta relaciones de consecuencias catastróficas para la convivencia pacífica de los pueblos cuando se despierta la conciencia, ya que la defensa de la dignidad es origen de los más grandes sacrificios de los pueblos. Las experiencias terribles de muchos pueblos de África, de Asia, Europa y Oceanía nos enseñan que no podemos repetirlas.
El Inca Pachakútec, 1438-1471, inicia el periodo imperial del Tawantinsuyö, al mismo tiempo que se produce la primera incursión a los Antis, los pueblos de valles y llanos. Tierra de Antis[51] llamaba el Inca todo el territorio que se encontraba al oriente de la cresta de la Cordillera Oriental. Identificando el nombre de su dios Sol, el que nace en el oriente y los ilumina con su sabiduría, con el de la población que ocupaba este extenso territorio.
El Inca Tito Yupanki, 1471-1493, hijo de Pachakútec, renueva la invasión llegando hasta el rio Paititi, nombre del actual rio Madera, sin embargo la agresividad del medio hizo imposible la permanencia y tuvieron que retirarse.
Finalmente el hijo de Yupanki, Wayna Kapak 1493-1525 ordenó a su pariente Guacané para que vaya a tomar posesión de las tierras de los pueblos de los llanos de El Gran Grigotá[52], conformado por gente trabajadora, de paz y útiles para los fines de explotación del imperio.
El Libertador Gran Grigotá. Guacané sentó sus reales en Samaipata y envió mensajes de acercamiento a Grigotá, éste reconociendo su debilidad, ya que no poseía ningún ejército, aceptó los requerimientos de amistad, consciente del sometimiento que ello implicaba. En señal de vasallaje tuvo que entregar nativos[53] para trabajar como esclavos en las minas de Saipurú, en las obras de Samaipata y otros lugares.
A causa de estos hechos llegaron (1513-1518)[54] a la llanura chané 5.000 itatines. Los que luego de preparar un ejército de 20.000 guerreros derrotaron el ejército de Guacané en Samaipata y el de Condorillo, que se encontraba en las minas de plata de Saipurú. El Inca envió otro ejército al mando de Turumayo, el que también fue derrotado. Luego de estos triunfos los chané se revelaron contra la autoridad guaraní, los que también tenían pretensiones hegemónicas y los expulsaron, posiblemente a la región de Guarayos.
De esta manera El Gran Grigotá se transformó en el primer Libertador que ha tenido Santa Cruz y se puede decir de Bolivia también, ya que la derrota de los ejércitos incas dejó en libertad, por un momento, a los pueblos del Qullasuyu, quienes se encontraban en una creciente rebeldía y fue una de las causas por las que Pizarro pudo controlar el imperio con 160 soldados.
Las extraordinarias victorias de El Gran Grigotá constituyen el antecedente primigenio en la conformación de la unidad territorial que posteriormente tomará el nombre de Bolivia.
Esta lucha se hizo en base a una confederación defensiva que se organizó entre los pueblos itatines, chané, chiquitanos, chiriguanos, guarayos, mojeños, xarayés, yuracarés, yanahíguas y sirionós; y se constituye en el antecedente originario de los pueblos de la llanura, como una importantísima experiencia, para la conformación de una confederación de pueblos libres[55].
Luego de estos hechos un nuevo contingente de itatines llegó (1.521) a la llanura chané para vengar la derrota anterior. Ya la confederación llanera se había disuelto y pudieron imponer con facilidad una nueva alianza guaraní-chané. A partir de aquí los guaraníes denominaron a la región como la región de Cuergorigotá, nominación del lugar que significa: donde reinó El Grigotá.
Guaraní. Otro componente étnico-cultural importante en la conformación del ser nativo llanero fue la migración guaraní. La base chané que había cubierto casi todo el territorio de la actual Santa Cruz, al llegar los conquistadores ya hablaba guaraní, el mestizaje conformó los distintos grupos ya descritos más arriba. Este proceso se inició en el siglo IX como resultado de la sequía de esos años. Fue una migración casi continua que se produce desde el oriente del río Paraguay y que se hizo masiva con motivo de la invasión española[56], como manifestación de solidaridad con sus parientes chiriguanos que eran atacados por gente de la montaña.
De acuerdo con informaciones de investigadores en Samaipata, allí aparecen los rastros chiriguanos entre el siglo IX y el año 1450 d. n. e. Debajo de ellos se encuentran restos de exclusiva procedencia chané[57] (1500 a. n. e., 900 d. n. e.), por encima de los chiriguanos se encuentran los restos de la cultura aymara (1450-1525) y después de ellos los españoles. Si recordamos que en el siglo IX se produjo la sequía que provocó el colapso de todos los centros civilizados del continente, fue cuando se consolidó la cultura chané en base al desarrollo de los recursos espirituales como respuesta a la falencia de los recursos materiales, al mismo tiempo que se inician las invasiones guaraníes por la ventaja que les daba su condición antropófaga.
La precariedad de la vida hizo que los guaraníes busquen la subsistencia en lo que llamaron la “Tierra sin Mal”[58], o Kandire, “la tierra de gente buena, tierra de la abundancia, tierra del amor y la felicidad”. La que consideraban se encontraba en la tierra de los pueblos chané de los contrafuertes andinos. La ocupación guaraní se realizó de distintas maneras. A veces en forma pacífica como una complementación simbiótica entre la cultura guerrera del guaraní y la cultura de trabajo del chané, aunque no hay que despreciar la coerción implícita por el efecto sicológico de la antropofagia guaraní, elemento sustancial del éxito en sus migraciones por todo el continente en época de escases de alimentos a consecuencia de la sequía. Otras veces se impuso mediante la fuerza como fue cuando vencieron al Libertador, El Gran Grigotá
Periodo colonial.
El periodo colonial se distingue por la irrupción, sorpresiva, en América, en primer lugar, del imperio español y el portugués y, en segundo lugar, el inglés, francés y holandés. Para nuestro estudio es de primera importancia la invasión española y de segunda importancia la invasión portuguesa.
Como consecuencia de la invasión española por el sur, se produjo una alianza entre los guerreros guaraníes del oriente del río Paraguay con las huestes españolas. En esta alianza los españoles aprovechaban los conocimientos de los guaraníes sobre el terreno, se beneficiaban del aprovisionamiento de alimentos que les proporcionaban, del uso del nativo como personal del servicio, además que se transformaban en la fuerza de vanguardia en los enfrentamientos con las etnias rebeldes. Los guaraníes se beneficiaban del poderío militar de los españoles en las marchas de penetración hacia la Cordillera, los que una vez llegados a su destino se desprendían de los españoles.
La primera columna de la invasión europea que llegó a los Llanos del Grigotá, antes que Pizarro sometiera al Inca, fue la encabezada por Alejo García (1.521-1.525), lo hizo acompañado con 4.000 guaraníes, con los que vencieron al ejército del Inca Wayna Kapak, que se encontraba al mando del Gral. Yasca y recogieron una gran cantidad de riquezas en oro, plata y otros. Fue ejecutado por los guaraníes al regreso, ante el desacuerdo en la repartición del botín. La columna invasora de Juan de Ayolas, el 1537, con 300 nativos llego hasta los gorgotoquis, también fue ejecutado al regreso.  El adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca encabezó la tercera columna de invasión, acompañado de 1.200 guaraníes, arribó hasta los Reyes. De allí partió Francisco de Ribera llegando a las cercanías del cerro de San José de Chiquitos. Núñez fue devuelto a España encadenado por procurar el respeto de los nativos. La cuarta columna invasora la encabezó el Cap. Domingo de Irala, el 1548, acompañado de 2.000 guaraníes, llegó hasta las cercanías de Charcas de dónde envió a Chaves para ofrecer sus servicios al Licenciado La Gasca, la misma que fue rechazada y debió regresar a Asunción. De esta manera Ñuflo de Chaves fue el primer español que recorre ida y vuelta el camino de Asunción a Lima.
El 1558 preparó Ñuflo de Chaves su gran entrada en busca de la Tierra Rica de Mojos. El cabildo de Asunción la dispuso para poblar la zona de los xarayés, de este modo partió con 1.500 nativos. Sin embargo continuó hacia el noroeste, donde encontró la resistencia de los chiquitanos a quienes masacró inmisericordemente. Según la Relación Cierta de Alcaya, reproducida por Enrique Finot[59] asesinaron a 13.000 chiquitanos. Posteriormente fundó Nueva Asunción y luego de un encuentro con Andrés Manso, quien también se encontraba invadiendo la región por mandato del virrey Cañete, viajó a Lima para dilucidar los derechos de posesión de los territorios conquistados.
De esta manera el virrey de Lima, Andrés Hurtado de Mendoza, procedió a la fundación de la Gobernación de Mojos[60], el 15 de enero de 1560, éste fue el primer nombre que dieron los españoles a los territorios que actualmente se conocen como los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando, norte de La Paz, el trópico cochabambino, el oriente chuquizaqueño y chaco tarijeño, además de territorios cedidos a Brasil y Perú y Paraguay. Reconociendo a Chaves la parte norte con el rango de teniente gobernador y a Manso la parte sud.
El territorio reclamado por el virreinato de Lima[61] tenía una extensión de algo más de 3.000.000 de Km2. Se extendía por el norte hasta el río Amazonas, posteriormente, el 1569 el Rey entregó tierras a Pedro de Silva y Diego de Serpa en una franja que alcanzaba hasta los 6º 20’, al sur del Ecuador, límite que se mantuvo hasta el final del período colonial; por el sur hasta los límites de la gobernación del Río de la Plata, por el este hasta la línea de Tordesillas[62] y por el oeste la frontera del virreinato, la que en ese momento era la que fue del imperio incaico, esto es la línea de unión de los pueblos  de frontera[63] de la Audiencia de Charcas por el sur y la Cordillera Oriental por el norte.
La creación de la Gobernación de Mojos Fue un hecho de extraordinaria importancia porque reconocía la necesidad de dar un tratamiento separado a este territorio con una cultura diferente, de características amazónicas, consolidaba nuevas e importantes políticas de expansión del virreinato al establecer una comunicación con la gobernación de Paraguay, al consolidar una frontera con esta gobernación, al inaugurar una comunicación con España a través del mar del Norte, así le llamaban al océano Atlántico, al reafirmar el objetivo del Rey de tomar posesión efectiva de sus territorios a partir de la Línea de Tordesillas, objetivo que no habían cumplido los adelantados de las expediciones del sur por no haber encontrado riquezas para costear la empresa,  finalmente, la conquista de Mojos, lugar donde se esperaba encontrar nuevas riquezas, abriría una nueva ruta a lo largo de los ríos Madera y Amazonas para llegar a España, por un recorrido supuestamente más corto, a través del mar del Norte.
La importancia económica y política que implicó la creación de la Gobernación de Mojos, a causa de la ineficiencia administrativa, fue celosamente ocultada por el colonialismo español, y hasta ahora, por el neocolonialismo. Todavía actualmente estos reivindican únicamente la importancia de la capital y esconden la valía de este inmenso territorio en la conformación nacional y más que todo regional.
En este estado complejo de enfrentamientos de fuerzas de los nativos, que defendían su libertad, frente a la invasión española y que configuraba un ambiente de guerra es que se fundó la capital de la gobernación de Mojos, Santa Cruz de la Sierra, el 26 de febrero de 1561. La razón determinante del lugar de fundación, la sierra del Riquió, en Chiquitos, fue que era el único lugar que ofrecía seguridad después de la monstruosa matanza, relatada por Alcaya, que había realizado la hueste de Chaves antes de fundar Nueva Asunción. Hubieron otras razones como es: un lugar que facilite la conquista del territorio hasta la línea de Tordesillas y hacia Mojos, que establezca una frontera a las posibles penetraciones desde Paraguay y, a su vez, con la gobernación de Manso.
Fueron noventa aventureros los que fundaron esta ciudad, de los cuales la mitad[64], provenían de la corriente invasora del sur y la otra mitad de la corriente invasora del norte. Son a los que los españolistas[65] identifican como los primeros cruceños, los fundadores del cruceñismo.
Se podría aceptar esta afirmación sólo si se considera como ser cruceño al grupo hegemónico, el que toma este calificativo a causa de la fundación de la ciudad. Recordemos que de principio la fundación de la ciudad no es más que un hito en la consolidación de la invasión española en tierras americanas, no es más que un enclave colonial de España y sus fundadores, conquistadores.
El ser cruceño, no está determinado por el nombre de cruceño, ni por la fundación de la capital colonial, ni los noventa españoles que la fundaron. El ser cruceño, ya hemos visto, es mucho más que eso, es un ser social e histórico sin fecha de nacimiento, cuya identidad está determinada por un proceso de acumulación histórica y cultural del conjunto poblacional de todo el Departamento, con sentido de pertenencia, en ese momento llamado Gobernación de Mojos. Por lo que es un grueso error no considerar a la inmensa población nativa en la interpretación de la identidad. El ser cruceño no comienza con los españoles[66], en todo caso la creación de la Gobernación de Mojos y la fundación de su capital Santa Cruz de la Sierra, es un punto referencial de acontecimientos económicos, históricos, políticos, exploratorios, descubrimientos, que dan sentido a la conquista española regional. Los conquistadores intentaron la sustitución cultural, y no la consiguieron, sólo lograron una deforme ilusión que hemos llamado españolismo, pero afectaron sustancialmente el decurso normal del conjunto histórico. En todo caso el aporte del colono español es un importante componente biológico, histórico y cultural a reconocer en la conformación de la identidad del ser cruceño.
Los españoles habían sido acogidos con grandes gestos de amistad por parte de los nativos, sin embargo, la fundación de Nueva Asunción, La Barranca, Santo Domingo de la Nueva Rioja y Santa Cruz de la Sierra, convencieron a los nativos de los propósitos de conquista, de saqueo y de sometimiento que traían a sus tierras los españoles, provocando una gran sublevación[67] que abarcó todos los valles y llanura amazónico-platense, incluyendo territorios del actual norte argentino.
Destruyeron Nueva Asunción, en la que murieron los soldados que la protegían; La Barranca, en la que se ejecutó al Cap. Cabrera y sus soldados; Santo Domingo, en la que se ejecutó al Cap. Manso y todos sus soldados y se destruyeron varios pueblos del sur como ser Nieva, Cañete y otros. El sucesor de Manso en la Gobernación del Chaco, Pedro de Castro, también fue ejecutado con sus soldados al pretender ingresar a la Cordillera.
Ñuflo de Chaves había viajado a Asunción con el propósito de traer a su familia. Regresó con un contingente de 300 españoles, incluido el gobernador y el Obispo de Asunción, además de 3.000 itatines. Los ubicó a 30 leguas antes de llegar a Santa Cruz de la Sierra como cuerpo de seguridad, a causa de desconfianzas fundadas de posibles levantamientos de los chiquitos que podrían producirse en venganza de la masacre sufrida.
Ante la situación de guerra que encontró Chaves a su retorno y a pesar de su alianza con los guaraníes, inició una campaña de represión y castigo de los sublevados entre el 1565 y 1568. En reiteradas oportunidades los soldados de Chaves sufrieron bajas significativas. Finalmente en Mitimi, comunidad guaraní, que Chaves había creado antes de llegar a Santa Cruz de la Sierra como una reserva de itatines, también se habían sublevado y allí ejecutaron a Ñuflo de Chaves (1568) como justo castigo por haberlos traicionado al aliarse con sus enemigos de la montaña, a pesar de haberle servido incondicionalmente por más de dos décadas y por haberle causado tantos muertos a sus hermanos en las acciones represivas, que el cura Guevara llamo “las crueldades de Chávez”.
Según el acta de repartimientos que reproduce Taremacua[68] se asignaron algo más de 300 comunidades entre 80 invasores, transformados ahora en colonizadores, esto es 80 nuevos señores feudales, que se repartieron de 100,000 a 150,000 nativos. Fue ésta, la población encargada de la producción agrícola para el autoabastecimiento alimentario, posteriormente para el abastecimiento del Altiplano, junto con Potosí, de charque, de azúcar, cueros, tejidos, miel, cera, alcohol y otros productos de origen tropical. Fueron los encargados de la construcción y mantenimiento de las viviendas y caminos, de las labores de servicio, fue parte de este grupo humano al que transformaron en esclavos para su venta en el Altiplano y lo más importante proveyó de mujeres a los conquistadores, que no las habían traído de España.
También hay que recordar que los españoles no realizaban ningún trabajo por su mano, así lo establecía la tradición española por cuestiones de honor. Antecedente que dio origen a la malintencionada acusación, de los detractores del cruceño, como individuo holgazán.
Un grupo, no muy significativo cuantitativamente, apenas se puede decir, mencionado en forma vergonzante por los historiadores tradicionalistas, pero que se volvió determinante en el nacimiento e historia de la colonia de Santa Cruz fue el de los “mancebos de la tierra”. Así llamaron inicialmente a los mestizos, hijos de españoles en mujeres nativas, que acompañaron a los invasores haciendo labores de intermediación con los nativos. Al poco tiempo, luego de la primera generación mestiza nacida en la colonia cruceña, y como herederos de los españoles se transformaron en el sustento social de la imposición colonial en Santa Cruz y se auto identificaron como españoles, hasta fines del siglo XX. 
Los antiguos mancebos de la tierra, a pesar de su españolismo no pudieron deshacerse de la herencia cultural recibida de sus madres y por el contrario fueron acercando su modo de ser inconsciente al de los ancestros nativos, a causa del permanente contacto de los niños con las criadas, mozos, cunumis[69], cocineras y alzadoras nativas. Determinados por la producción agrícola local y el aislamiento en que vivían se vieron obligados a aceptar la culinaria nativa. El origen y el permanente contacto con los nativos provocó la introducción de muchas palabras, toponimias y modismos nativos e incluso moldeando el modo cruceño de hablar el español. En los otros departamentos las diferencias étnicas determinaron en cada uno de ellos modos diferentes de hablar el español y de ser, dando lugar a las diferentes identidades de los mestizos en los departamentos.
El españolismo es componente cultural central de los descendientes de los mancebos de la tierra durante la colonia y la república y es el componente cultural asumido por el sector hegemónico de la república, caracterizado por su falta de pertenencia, al considerarse españoles sin ser reconocidos por España, por su falta de conciencia nacional, por su apego a lo extranjero, por su espíritu feudal, racista y excluyente. Fue el soporte social de las autoridades coloniales, enviadas desde la Audiencia de Charcas, de Lima o de España y de autoridades interventoras durante el casi bicentenario neocolonialismo republicano y estatal.
Ante el ajusticiamiento de Chaves, el cabildo capitalino nombró como nuevo gobernador al cuñado de éste, Diego de Mendoza. El gobernador del Perú, García de Castro, ratificó el nombramiento. Sin embargo el nuevo virrey de Perú, Francisco de Toledo, enviado para poner orden en la colonia, acorde a las necesidades de la producción de las riquezas argentíferas en el virreinato, anarquizado por los conquistadores, rechazó el nombramiento y designó al capitán Juan Pérez de Zurita, el ex gobernador de la provincia de Tucumán.
Luego de conocidas las instrucciones de Toledo, traídas por Zurita, aparte del descontento ya generado por el desconocimiento de los derechos hereditarios de la familia Chaves, se produjo la rebelión de los comuneros de Santa Cruz, debido a que reclamaban los derechos y privilegios que los invasores habían adquirido en la lucha por la conquista. En 1537, a raíz de la muerte del primer adelantado del Río de la Plata, Pedro de Mendoza, y por la lejanía de la colonia, la corona dictó la cédula real del 12 de septiembre de 1537, que disponía el nombramiento del gobernador mediante el voto de los habitantes, cuyo cumplimiento reclamaban los comuneros. Además se introdujo un cambio político radical, asignándole a la capital de la gobernación la humillante tarea de proteger la frontera de Charcas, con recursos propios, para asegurar la producción argentífera de Potosí. De esta manera la política expansiva asignada por Hurtado de Mendoza fue eliminada. Para asegurar la suspensión de los proyectos de nuevas conquistas, se le suprimió el nombre de Mojos, dejando solamente la mención de “Santa Cruz de la Sierra y su provincia”[70]. Esta indefinición llevó a la ciudad a dar su nombre a la gobernación. Posteriormente, trasladada a Los Llanos de Grigotá, la gobernación daría su nombre a la ciudad para suplantar el de San Lorenzo el Real de la Frontera por el de Santa Cruz.
Este fue el único enfrentamiento entre los comuneros, defensores de los derechos adquiridos por los conquistadores, representados por Diego de Mendoza y la imposición del centralismo colonial, representado por Zurita, cuyo resultado fue el colgamiento de Mendoza. Hecho colonial que el sector hegemónico cruceño reivindica como el inicio de las luchas por la autonomía en Santa Cruz de la Sierra.
Posteriormente hubo una resistencia pasiva a las órdenes del centralismo de trasladar la colonia de Santa Cruz a la sede de la nueva capital colonial, San Lorenzo el Real de la Frontera, de cuyo resultado la ciudad quedó sumergida en el oscuro papel de pueblo de frontera, de protector del Altiplano contra los cruceños de origen nativo, de verdugo de sus hermanos, aunque orgullosa de haber recuperado el nombre que le dio Ñuflo de Chaves. La españolísima Santa Cruz de la Sierra, conformada con este triste papel, debió dedicarse a la cacería y venta de esclavos, a la agricultura nativa y de variedades importadas e industrias que se fueron introduciendo desde España para apenas cubrir sus necesidades de sobrevivencia y así soportar el abandono, al que la condenó el colonialismo. Para terminar el periodo borrada en su condición de capital de la gobernación, el 1782, y existiendo apenas como un apéndice de Cochabamba, en cumplimiento, además, de viejos pedidos[71] de varios obispos de Santa Cruz, que desde Mizque o Arani insistían en su traslado a Cochabamba, ya que no aceptaban a Santa Cruz como su sede catedralicia, a causa de su pobreza.
Es importante recordar que luego de la creación del virreinato del Río de la Plata, el 1776, éste dispuso la dependencia directa de las gobernaciones de Santa Cruz de la Sierra, Charcas, Potosí y La Paz, dándoles el mismo nivel jerárquico en lo militar y administrativo.
Hubo otro sector de mestizos, fueron los que no tuvieron herencia ni patrimonio, fueron los que engrosaron el sector de nativos, inicialmente como siervos, como campesinos, trabajadores, artesanos, indígenas y otros. En conjunto, fue la mayoría mestiza y nativa excluida de la población. Los que generaron el excedente para la exportación de riquezas a España en el coloniaje, también aportó el flujo humano para el trabajo esclavo en las haciendas del Altiplano, la minería y en la República continuó con la extracción de la goma, la actividad agropecuaria con lo que proveyó los excedentes para el sostén del colonialismo interno, anclado inicialmente en Sucre y, posteriormente, cruentamente trasladado a La Paz, como trofeo de guerra de la corriente peruanista, comandada por el Gral. Pando.
La historia de Santa Cruz así como la de Bolivia es un escabroso recorrido en el tiempo del abuso permanente de los detentadores del poder, usándolo para conseguir los beneficios de la explotación de los sometidos y éstos en un desesperado esfuerzo por defender su libertad, en un humano afán por conseguir el reconocimiento de su derecho a la vida. Estos, con su cultura, fueron los que asumieron permanentemente la defensa de los intereses regionales en una lucha titánica contra la opresión.
Si bien la lucha se dio en todos los frentes nativos, el de la Chiriguania es el que se destaca por su extraordinario heroísmo.
Después de la recuperación del territorio con la destrucción de casi todos los centros coloniales de la llanura, Toledo en persona encabezó la guerra contra la Chiriguania, así se llamó el territorio libre que se preservó durante toda la colonia en una heroica lucha por la libertad. Declaró oficialmente la guerra a los nativos, con lo que se profundizó el comercio de esclavos, iniciado anteriormente por los conquistadores. Muchas veces la única paga que recibía la soldadesca era la obtenida por la venta de los esclavos que cazaban. El valle y la llanura se convirtieron en el coto de cacería más grande del continente. Sin embargo, Toledo fue obligado a salir de la Chiriguania derrotado y enfermo.
Después de la derrota de Toledo, se organizaron partidas militares en La Plata, en Tarija y Santa Cruz de la Sierra en esta última bajo el mando del Lorenzo Suárez de Figueroa, el fundador de San Lorenzo el Real de la Frontera, para combatir a los pueblos libres, El héroe recogido por la historia tradicional, de esta primera etapa defensiva en el territorio chané, los llanos del Grigotá, fue el Mburuvicha Guasu[72] Vitapué.
Fue una guerra larga[73] de desgaste, que se prolongó durante toda la etapa colonial y parte de la república. El papel principal para cada nueva autoridad nombrada desde el centralismo era la guerra contra los nativos.
En la primera parte de este periodo se fundaron algunos pueblos en los valles mesotérmicos para controlar a los chiriguanos, que dificultaban la comunicación entre Santa Cruz y La Plata, produciéndose un mestizaje chiriguano quechua y español en esta región y dándole una peculiaridad propia a su identidad.
Militarmente los nativos tenían dos formas de hacer la guerra: Las correrías, eran una especie de pequeños asaltos, combates ligeros a cargo de grupos locales, como forma de desmoralizar y desgastar la superioridad del enemigo y la guerra general, era el resultado de un acuerdo confederal de las comunidades de un sector. Ambos métodos se combinaron a lo largo de toda la guerra. En su conjunto era una guerra de masas de gran capacidad militar, pero por la ausencia del Estado tenía un poder limitado para llevar el éxito más allá de sus fronteras. A este tipo de lucha se adaptaron las viviendas. Inicialmente se concentraban las comunidades en inmensos dormitorios llamados malocas, los que fueron reemplazados por viviendas unifamiliares, dispersos en el territorio para dificultar su control por los invasores.
Ante el rechazo nativo a la penetración militar, un factor muy importante en las acciones de penetración de los territorios nativos ya sea Chiquitania, Chiriguania o Moxitania, fueron las actividades de la iglesia para consolidar las reducciones católicas, que no eran otra cosa que células de milicias religiosas preparadas para la penetración espiritual de los nativos. El Papa[74]concedió al rey el derecho de nombramiento para todos los oficios eclesiásticos elevados” a cambio del apoyo fundamentalmente económico para el sostenimiento de las nacientes diócesis en América. Todo ello va a servir para justificar la conquista, despojo y el sometimiento del Nuevo Mundo a la Corona de Castilla con la decidida colaboración de curas e iglesia.
Aprovechando la cualidad incluyente de los nativos, en una primera etapa hicieron un reconocimiento del territorio, así como de los patrones culturales de los nativos, incluyendo el aprendizaje del idioma. Luego buscaron la implantación de la reducción en el seno mismo de las comunidades nativas, planteando un conflicto espiritual, que mientras las comunidades estaban vigorosas, se resolvía con la expulsión de los intrusos, razón por la que las actividades militares se concentraron en debilitar a los nativos destruyéndoles sus sembradíos y sus almacenes de alimentos para quebrar su resistencia.
Ante las necesidades padecidas por el hambre, en la Chiriguanía, el acoso de los ganaderos, militares y las “piadosas ofertas” de los franciscanos, las reducciones fueron siendo cada vez más aceptadas, lo que implicó la consolidación de los puestos ganaderos, el acompañamiento comercial, la consolidación militar y finalmente la imposición de la autoridad civil. Sin embargo la posesión efectiva solo se concentraba en los lugares militarizados, los alrededores campestres fueron de total control de los nativos, hasta la masacre de Kurujuky[75], el año 1892.
El traslado de la colonia de Santa Cruz, entre el 1590 y 1621, a los Llanos de Grigotá fue el resultado de las luchas de los nativos por su territorio, que obligó a los invasores a desplazarla a un punto más adecuado para la defensa de la frontera de Charcas, quedando el territorio como coto de caza para los invasores.
La Chiquitania, así como la Moxitania, acorraladas entre los españoles y los bandeirantes, aceptaron posteriormente su sometimiento a las milicias jesuíticas, con quienes por lo menos, podían permanecer en su entorno geográfico. Estos cruceños chiquitanos, mojeños y otros pueblos de la llanura, junto con los capitalinos impidieron la ocupación de la gobernación por los bandeirantes portugueses.
Las reducciones jesuíticas fueron el resultado sincrético del poder de la iglesia con la espiritualidad nativa, establecida como una sociedad teocrática bajo firme control vertical del sacerdote mediante su estructura de vigilancia, y del aprovechamiento de las cualidades de trabajo, de inclusión, de simplicidad, de equilibrio con el medio y de organización comunal de los nativos. Barba, J. (2008, p. 63) resumiendo su investigación nos comenta: “Pese a la pretensión de los jesuitas de haber iniciado a los mojos en la artesanía, éstos ya contaban con una larga y valiosa tradición artística, con personalidad propia. El canto, la música, la escultura, la decoración con plumas, tejidos o pintura se habían desarrollado en el mundo religioso antiguo, y aunque podrían haberse perdido en una sociedad de encomenderos, se mantuvieron y desarrollaron al servicio de la nueva religión en un proceso creativo de mestizaje cultural”[76]. Por problemas de poder, en el 1767 la Compañía de Jesús fue expulsada de todas las posesiones españolas y el Papa Clemente XIV la cerró el 1773.
La lucha persistente, de cerca de tres siglos, de los pueblos de la llanura, en particular el heroísmo demostrado por los de la Chiriguania fue contagiando a otros sectores sometidos, dio inspiración a rebeliones en el Altiplano como fue la que encabezó Tupaj Amaru en el 1780, Tupaj Katari[77] en el 1781 y la rebelión de pardos y morenos en Santa Cruz, de agosto de 1809. Además con las invasiones inglesas a Buenos Aires de 1806 y 1807 y la invasión de Napoleón a España, se generaron las condiciones subjetivas para las luchas por la independencia del coloniaje español.
Como resumen se puede afirmar que la creación de la Gobernación de Mojos simboliza el inicio de la transformación del ser nativo, dueño ancestral de este territorio, en un nuevo ser, conflictuado por la irrupción invasora de los españoles, introduciendo una cultura asentada en el poder como instrumento de imposición de nuevos valores y nuevas relaciones de producción. Son dos culturas que se entremezclan violentamente en esta región, se acercan y se separan en un proceso sado-masoquista, buscando la consolidación de un ser libre o un ser sometido, cuya resolución se planteaba en el campo del poder, en el que no podía haber otra solución que la imposición de un sector sobre los otros. La imposibilidad de una complementación armónica entre los elementos de estas dos identidades: la nativa y la española, fue moldeando un ser cruceño deforme y alienado, un proyecto irresuelto, un ser cuya contradicción interna se planteó, sin solucionarse, en las luchas independentistas.
Transición independentista.
Al final del periodo colonial e inicios del periodo neocolonial se desarrolló un proceso de transición de 16 años. Un movimiento de radicalización, que interactúa entre los distintos sectores económico-sociales y que son determinantes para la conformación del periodo neocolonial.
Como reflejo sociopolítico americano de la guerra civil que se desencadenó en España a causa de la invasión francesa, en una primera etapa, se tienen los levantamientos que se hicieron en La Plata, Santa Cruz, Cochabamba y otros importantes centros económicos del continente, en manifestación de lealtad a Fernando VII[78], el rey depuesto por el ejército francés. Ante la sospecha de que las autoridades españolas de la colonia, al igual que la nobleza en España, estaban negociando el reconocimiento de nuevas autoridades reales, ya sea la de José Bonaparte[79], el hermano de Napoleón Bonaparte o Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII, quien pretendía derechos sucesorios a causa de la ausencia de Fernando VII y ante la ilegitimidad de la Junta de Sevilla a la que declaraba su lealtad el presidente Pizarro, la real audiencia de Charcas desconoció al presidente Pizarro, el 25 de mayo  de 1809, en defensa de Fernando VII.
El soporte social de los fernandistas estaba constituido por los descendientes de los mancebos de la tierra, los que constituían distintos conjuntos sometidos durante los tres siglos de opresión colonial y aspiraban a reemplazar a los españoles en la administración de la colonia: eran los criollos, los doctores de Charcas, los mineros, los comerciantes, los encomenderos, también eran los nativos, campesinos, artesanos, trabajadores, etc. que estallaron como guerrillas locales por todo el territorio.
La definición por la patria llegó a la ciudad de Santa Cruz con Ignacio Warnes, con el reconocimiento de una gobernación separada de Cochabamba, independiente del Alto Perú. Luego se vio separada de las Provincias del Río de La Plata a raíz de la destitución de Warnes por orden del General Rondeau y su desobediencia a las órdenes de suspender la persecución de los realistas en Chiquitos. Fue apoyado por el sector popular, por campesinos, artesanos, trabajadores, los esclavos liberados de negros y nativos; coronado con las gloriosas victorias, de envergadura continental, de La Florida y de Santa Bárbara. El territorio libre del departamento de Santa Cruz de la Sierra fue permanentemente sostenido por los nativos de la Chiriguania, la Chiquitania y Moxitania, cuyos nombres sobresalientes son el General Kumbay, Mburubicha  Guazu Guariyu, Ignacio Muiba, entre otros. Luego de la muerte de Warnes, en ellos se apoyó la guerrilla del Colorau[80] Mercau, Cañoto, Ramitos y otros patriotas, que proclamaron[81] la libertad de esta gobernación el, 14 de enero de 1825.
Cuatro ejércitos auxiliares que envió la Junta Provisional Gubernativa de las provincias del Rio de La Plata para consolidar el control patriota en el Altiplano, luego de un triunfo inicial, fueron rechazados por los ejércitos españoles, manteniendo estos el control urbano y las guerrillas el control del campo.
Los grandes próceres de la independencia estaban inspirados en las ideas iluministas de la revolución francesa y siguiendo el ejemplo de Napoleón Bonaparte, todos proclamaban la formación de la gran nación latinoamericana. Francisco de Miranda propuso reinstalar el imperio incaico, algo similar planteó José Manuel Belgrano, Bolívar propuso la unión Americana bajo su presidencia vitalicia[82].
En el 1820 se produce la rebelión del General Rafael del Riego en España y la jura de Fernando VII a la Constitución liberal, creándose condiciones que tanto San Martin como Bolívar consideraron propicias para una negociación con los generales del ejército liberal de España en América. Sin lograr ningún resultado.
Luego de la victoria de Ayacucho el único reducto monárquico, de ideas absolutista, que quedaba en el continente era el que se encontraba al mando del Gral. Pedro Antonio de Olañeta en el Alto Perú. Ante su inminente derrota, el secretario privado y sobrino, a su vez, del Gral., el absolutista Dr. Casimiro Olañeta fue a encontrar a Sucre antes de su ingreso por el Desaguadero. Allí coincidieron en la voluntad autonomista del pueblo boliviano y Sucre lanzó la convocatoria a una Asamblea de Diputados cuyo objetivo “sería sancionar un régimen de gobierno provisorio y decidir el destino del Alto Perú”, fechada el 9 de febrero de 1825.
Es en esta reunión donde se establecen las bases de la futura República de Bolivia. A partir de ella el absolutista Olañeta controla el nombramiento de los futuros diputados, sustentado por el ejército vencedor de Ayacucho, comandado por Sucre. 
En Santa Cruz había una corriente independentista, sustentada por 300 años de lucha de la Chiriguania y las ansias de libertad de los chiquitanos, guarayos, mojeños y todos los nativos de la gobernación, una corriente de mestizos favorable a la unión con las Provincias del Río de la Plata respaldada por antiguos luchadores por la patria de Warnes y la corriente absolutista que planteaba mantener a Bolivia separada del Rio de la Plata y de Perú promovida por el Gral. Aguilera y sustentada por el ejército liberal de Sucre.
La marginación de Santa Cruz se impone desde el mismo momento en que se redacta la convocatoria a la Asamblea de diputados. Mientras a Cochabamba, La Paz y Potosí se le reconocen 14 representantes a cada uno, a Santa Cruz sólo se le reconoce cinco representantes, uno por provincia. Por Cercado, capital Santa Cruz, se eligió al ya conocido fernandista Antonio Vicente Seoane[83], el mismo que dirigió el levantamiento fernandista del 24 de septiembre de 1810. Por Vallegrande se eligió a un oscuro absolutista de nombre Vicente Caballero. Por Mojos[84] se eligió primero a Simón Hurtado y luego a Felipe Cortez, quienes llevaban la instrucción de plantear la separación de mojos. Ambos vetados por Videla, el presidente del Departamento de Santa Cruz, cumpliendo el espíritu centralista del proyecto nacional sostenido por Sucre. Por Chiquitos se eligió primero a José Viera y luego a José Rafael Salvatierra, quienes se habían pronunciado a favor de la unión con Buenos Aires. Ambos también vetados por no corresponder al proyecto nacional ya mencionado. Por Cordillera no se eligió ningún representante, según carta de Videla a Sucre en la que se decía: “es moralmente imposible conseguir diputado, porque sus habitantes... son torpes indígenas (Sanabria 1975)”. Estos se hubieran pronunciado por una Santa Cruz independiente como consecuencia de los tres siglos de lucha por la defensa de su libertad. En resumen, de 48 asistentes a la Asamblea sólo dos fueron de Santa Cruz.
A los auténticos representantes del pueblo poco le interesaban las ideas altoperuanas. El nombramiento de los dos representantes absolutistas sólo denuncia la manipulación que se hizo desde el poder para construir una Bolivia al servicio de la élite españolista. El liberalismo del ejército del libertador fue determinante en la conformación del nuevo Estado bajo los moldes de la revolución francesa. Luego de su consolidación, rápidamente fue desplazado por el absolutismo, mediante la expulsión de Sucre, el 1828, consolidándose una estructura al servicio de las oligarquías, descendientes de los mancebos de la tierra, herederas del colonialismo español, consolidándose de esta manera el nuevo[85] colonialismo.
Periodo neocolonial
El periodo neocolonial es el resultado de la alianza entre los absolutistas de Olañeta, y Aguilera, los que hasta último momento pelearon contra la patria, y los liberales del ejército victorioso de Ayacucho y Junín, bajo la conducción de Antonio José de Sucre y Simón Bolívar. Los heroicos luchadores regionales, sostén de la llama de la libertad durante 16 años, confiando en las banderas del vencedor, agotados por una guerra tan larga cedieron su espacio al ejército colombiano y al proyecto absolutista. En la vorágine de la ilustración francesa, ni Sucre, ni Bolívar pudieron entender que el modelo francés no respondía al carácter multiétnico de la nueva nación. Desengaño expresado por Bolívar[86] (1989, p. 257) en una de sus cartas dictadas en su lecho de muerte: “El que sirve una revolución ara en el mar”. Era en las montoneras de las republiquetas y en los pueblos nativos donde se encontraba la pluralidad nacional. La única viabilización del país unido sólo hubiera sido posible en su reconocimiento como una estructura federal, cuyo principio elemental debió ser el respeto a las diferencias. Resultado de este error Bolivia fue condenada a una pobreza e inestabilidad permanente causada por los privilegios del poder oligárquico y las luchas por las reivindicaciones humanas de los sectores marginados.
Luego de la expulsión de Sucre, los antiguos enemigos de la patria, se dieron a la tarea de consolidar una oligarquía de tipo minero-feudal, de contenido españolista y colonialista; sin compromisos con la patria, interesada únicamente en beneficiarse de las riquezas del país y de la preservación de sus privilegios de casta. Estas condiciones mantuvieron irresuelta la identidad del conjunto boliviano y la de los departamentos, imponiendo una identidad artificial, con la que el sector hegemónico controla la manipulación de la mayoría poblacional.
Resultado de esta política colonialista del gobierno central, en Santa Cruz se produjo un continuo achicamiento de su territorio, teniendo como dolorosos efectos: 1. La desmembración de la provincia de Mojos, transformada en el Departamento de Beni, en 1848. 2. Las pérdidas territoriales de Mato Grosso y el Acre, bajo la dictadura del Gral. Melgarejo, el 1867. 3. Posteriormente con el tratado de Petrópolis[87], de 1903, el gobierno liberal de José Manuel Pando vendió el resto del Acre por 2.000.000 de libras. El dinero no benefició a los pueblos de la llanura ya que todo se lo apropió el gobierno altiplánico. 4. Con el tratado Bustamante-Polo[88] se confirmó la pérdida de los territorios de Madre de Dios, el 1909. Todos estos territorios fueron colonizados por los cruceños, después de la expulsión de las milicias jesuíticas y durante las exploraciones por la quina y la goma, los que posteriormente fueron heroicamente defendidos por los cambas a la cabeza de Nicolás Suárez. 5. Finalmente la pérdida del Chaco mediante la conocida guerra con Paraguay. Todos estos territorios pertenecieron a los pueblos de la cuenca amazónica-platense en el momento del nacimiento de la república de Bolivia y muestran la inconsciencia de la oligarquía[89] españolista y antinacional sobre sus responsabilidades en la defensa de la patria.
La lucha de los pueblos nativos en defensa de sus intereses se renovó con la República debido a la continuación de la política, cada vez más agresiva, de desconocimiento a su condición de ciudadanos y a la renovada expoliación de su patrimonio, culminando con la vergonzosa masacre de miles de cruceños, marginalizados como indígenas, cuyo jefe era Chapi[90] ä Guazu[91] Tüpä realizada esta vez en Kurujuky[92]a manos del “ejército nacional”, el mismo ejército que el chilenofilo Aniceto Arce envió unos meses atrás a invadir Santa Cruz para doblegar las aspiraciones federalista del movimiento de Los Domingos. Una vez más, ante el etnocidio, los cruceños-nativos debieron mimetizarse en la selva, muchos se fueron a la Argentina, los que quedaron, durante la guerra del Chaco fueron perseguidos y algunos fusilados, injustamente acusados como colaboradores de los paraguayos, sólo por hablar guaraní. Era el poder central españolista imponiendo, a sangre y fuego, la homogeneidad nacional.
La población de Santa Cruz, al final de las luchas independentistas muestra alguna disminución, así lo atestigua la comparación de datos del 1830 con el censo de Viedma de 1782, que hace Alcides D`orbigny[93], la que se incrementa significativamente en el segundo cuarto del siglo[94] y recién vuelve a recuperarse en la segunda mitad de siglo con la intensificación de las exploraciones a Beni en busca de la cascarilla de quina[95] (Chinchona officinalis) y posteriormente de la goma (Hevea brasilensis).
Esta disminución de la población, posterior al periodo bélico, muestra las increíbles condiciones, de verdadera miseria, en las que tuvo que sobrevivir la población cruceña, resultado del más completo abandono del gobierno colonial español y republicano, miseria que obligó a los mestizos pobres a transformarse en esclavos de la siringa. El abandono al que estuvo sometida esta población durante 3 siglos y la necesidad de compartir sus miserias junto con los nativos chané, que lentamente se integraban en el mestizaje chané-español, la obligó a incorporar valores de la cultura nativa, los que se aprecian en su modo de de ser, su modo de hablar; aprendieron los hábitos alimenticios nativos, condicionados por la producción agrícola local; pero lo más importante es que asimilan los patrones espirituales de sobrevivencia de los nativos, ya resumidos como cultura Chané, llegando a asombrar a Alcides D’orbigny al encontrar esta novedad, sin entender su origen, en pleno centro de la selva americana. Los hermosos comentarios que le dedica al cruceño este autor en su obra “Viaje a la América Meridional”, se pueden resumir en los conceptos de la simpatía, la amabilidad, la generosidad, la alegría, la sencillez, la pasividad, la franqueza, la dedicación al trabajo, particularmente la fortaleza de la mujer ante la ausencia del marido, con que los distinguía. Los que no corresponden a la herencia de los orgullosos conquistadores, fundadores de esta ciudad, en todo caso son pruebas de la simbiosis identitaria que se va conformando cuando estas culturas se acercan complementariamente en el mestizaje chané-español, núcleo matriz del ser cruceño.
La presencia permanente de la rebeldía chiriguana y el mestizaje cultural en la ciudad fortalece la conciencia de sectores significativos de capitalinos sobre su situación marginalizada, que se transforma en una afrenta a las necesidades de sobrevivencia de la economía cruceña cuando el centralismo importa de Chile y Perú productos que tradicionalmente eran proveídos por la agricultura llanera, generando la rebelión federalista encabezada por Andrés Ibáñez en el 1876; el que estuvo precedido por reivindicaciones igualitarias, que algunos autores consideran como resultado de lecturas Proudhonianas que pudo haber hecho Ibáñez, pero que también pudieron ser el fruto del conocimiento trasmitido por su padre, el Gral. Francisco Ibáñez[96], el que fue prefecto de Santa Cruz en seis oportunidades, quien con un poco de perspicacia, pudo haberse interiorizado de la organización y relaciones productivas nativas, resumidas más arriba como cultura chané y cuyas características son una demostración práctica de la aplicabilidad de las ideas de Proudhon, Bakunin y otros teóricos de las ideas libertarias. No se puede terminar este punto sin mencionar que después del asesinato del héroe federalista, Andrés Ibáñez, en San Diego, el 1º de mayo de 1877, la llamada “gente bien[97]” de Santa Cruz homenajeó con fiestas durante un mes a los invasores del kollau.
En esta misma línea de pensamiento se dio origen, el 1891, a un segundo movimiento federalista esta vez encabezado por los coroneles Domingo Ardaya y José Domingo Ávila, que dio lugar a una nueva invasión altiplánica ordenada por orden del chilenófilo y Presidente Aniceto Arce, el mismo oligarca minero que ordenó, meses después, la horrenda masacre de Kurujuky[98].
Estas luchas fueron recogidas a nivel nacional por el partido Liberal, que desencadenó una guerra civil, el año 1899, con las banderas del federalismo y le permitió la toma del poder[99], sin embargo, ya triunfantes, traicionaron el federalismo, lo desconocieron e hicieron fusilar al dirigente indígena, Zárate Villca y a muchos colaboradores. El liberalismo había pactado con el gobierno peruano para formar un ejército a la cabeza del Gral. Pando a cambio de acercar la capital al Perú, trasladándola a la ciudad de La Paz, abrir el mercado boliviano a la producción peruana, la entrega de Madre de Dios a Perú y consolidar un gobierno unitario de característica oligárquico-colonial. Este mismo partido fue el que negoció la venta del Acre a Brasil y la venta del Litoral a Chile.
El siglo XIX se caracterizó por una intensa lucha del sector urbano patriota por el federalismo y de los nativos por la continuación de la ya cuatricentenaria lucha por su territorio, su cultura y su libertad. A causa de la división del frente entre federalistas citadinos y nativos libertarios los heroicos esfuerzos de unos y otros no lograron sus objetivos.
En el siglo XX, la antigua lucha federalista, determinada por la ideología liberal, se transformó en una lucha reivindicativa por la integración nacional, marcada por el “Memorándum del 1904[100]”, pronunciamiento de la intelectualidad cruceña exigiendo la aceptación del primer plan nacional de integración de los pueblos marginados por el centralismo, cuya principal propuesta era la construcción de un ferrocarril que, por el oriente, el occidente establezca una salida al Atlántico. Aspiración viviente durante más de un siglo y todavía continúa incumplida a causa de la sobrevivencia de los intereses mezquinos del centralismo antinacional. El sector indígena campesino fue permanentemente marginado por la oligarquía, apenas logró salir de su condición de esclavo con la eliminación del pongueaje[101], durante el gobierno de el Myr. Gualberto Villarroel, el 1945. El sector indígena todavía reivindica sus derechos básicos.
Nuevos levantamientos se produjeron en Santa Cruz entre el 1921 y 1924 bajo la consigna de “ferrocarril o nada”, sofocados con nuevas intervenciones del ejército nacional, transformado en ejército mercenario de ocupación al mando de un general alemán, y una vez más se descalificó las reivindicaciones de los cruceños con la demoledora acusación de separatistas. Todos los pedidos reivindicacionistas cruceños siempre fueron respondidos con esta provocadora acusación de parte del gobierno colonial. Es una indisimulada ansiedad del centralismo por que ésta se produzca para justificar el exterminio de los llaneros.
En el periodo liberal, 1899-1920, se alcanzó el máximo nivel de realización del estado oligárquico-liberal, el que se empieza a resquebrajar con la guerra del Chaco. Fruto del envanecimiento del presidente Salamanca se provocó la guerra más dolorosa habida en el continente. Inocentemente, se pretendió afianzar como territorio boliviano todo el Chaco, hasta las puertas de Asunción; el Paraguay aspiraba a conquistar territorios, los que consiguió y Bolivia, ante la pérdida territorial, como un consuelo, en la sociedad civil y militar se produjo una importante aprehensión conciencial de la inexistencia de una identidad nacional.
De esta manera el fortalecimiento de la conciencia nacional procede a desmontar la estructura liberal con gobiernos militares de carácter nacional y anti oligárquicos. En este sentido, el primer presidente fue el Gral. David Toro.
Al mismo tiempo que el Gral. Toro se hacía cargo del Estado, en Santa Cruz, otro movimiento militar dirigido por el Tte. Cnel. Froilán Callejas, respaldado por el regimiento local y la Legión Oriental de Excombatientes del Chaco, planteaba algunas reivindicaciones de carácter nacional como fue la integración del ferrocarril hacia el oriente, el nombramiento de prefectos oriundos del departamento, igualdad de salarios en todo el país. Esta fue la primera vez que el gobierno no respondió con intervenciones militares, por el contrario los planteamientos fueron aceptados. Se prometió reiniciar el ferrocarril, aunque hasta la fecha no se cumplió la promesa. Se reconoció al prefecto cruceño del momento, aunque posteriormente se olvidaron del compromisos. Para asombro del mundo el 31 de mayo de 2010 es el día que por primera vez Santa Cruz y los otros departamentos, después de una heroica y cruenta lucha por la democracia, tiene un gobernador elegido por su propio pueblo. En todo caso con este movimiento militar empiezan los departamentos marginados a sentar alguna presencia nacional, con la orientación de las luchas originadas en Santa Cruz.
Una figura fulgurante, única en la historia de Bolivia, fue la del Tte. Gral. Germán Busch Becerra, héroe histórico de la nacionalidad vejada por la oligarquía. Es el exponente de la nación olvidada, que se impone desde la llanura marginal y que con su muerte, resultado del acoso de la oligarquía altiplánica, consolida la bandera por la independencia nacional. El logro más importante para Santa Cruz y para el país todo fue la promulgación de la ley del 15 de julio de 1938 por la que se reconoció el 11 por ciento de la producción petrolera como regalías para el departamento productor. Los generales Quintanilla y Peñaranda intentaron recomponer las fuerzas conservadoras, intento vano por el asenso al poder del Gral. Gualberto Villarroel, militar de la línea nacional y anti oligárquica. Fue muy importante para el inicio del desarrollo económico de Santa Cruz con la implantación de un programa agroindustrial en el espíritu de integración nacional propuesto por el Memorándum del 1904.
Finalmente se consolidó la revolución nacional con una propuesta democrática burguesa, el 1952, con el ascenso del Movimiento Nacionalista Revolucionario, MNR, al gobierno. Con él se eliminó la oligarquía minera y latifundista de contenido colonial, entró a participar en el poder los sectores de trabajadores, campesinos, clases medias y se promocionó la formación de un Estado dirigido por la nueva burguesía nacional, compuesta por sectores empresariales de la minería mediana, industriales y agropecuarios, con los que pronto se impuso una política dependiente pro norteamericana.
Como es propio de los gobiernos nacionalistas, el fortalecimiento del Estado implica la concentración de los recursos, provocando el desmantelamiento de las riquezas regionales. De esta manera el MNR intentó desconocer las regalías petroleras de Busch, iniciándose alrededor de ellas una lucha que colocó al Comité Pro Santa Cruz en el liderazgo político del departamento gracia a su posicionamiento principista apartidario, después de soportar dos humillantes invasiones, civil-militar, 1958 y 1959[102], con asesinatos, torturas, violaciones a nuestras mujeres, persecuciones, exilio, todo tipo de vejaciones y nuevas acusaciones de separatismo, se logró recuperar las regalías. También con este gobierno se inició la política de homogenización nacional, propia de todo Estado nacional, como cobertura a una política de imposición de la cultura dominante. Se iniciaron las migraciones oficiales del Altiplano al Oriente en calidad de colonizaciones. Increíblemente, constitucionalmente[103] se continuó considerando colonias a los departamentos de la llanura, recién eliminada con la aprobación de la actual constitución política. Aunque se mantiene la política de colonias interiores, El papel de colonizador lo desempeña la población altiplánica a cargo de la confederación sindical única de trabajadores campesinos de Bolivia, la confederación sindical de colonizadores, la federación de mujeres indígenas originario campesinas Bartolina Sisa, el movimiento sin tierras y el consejo nacional de Ayllus y Marcas del Qullasuyo y con el sólido respaldo del gobierno colonial de Evo Morales y sus cuadros partidarios.
Con las regalías, con la comunicación ferrocarrilera a la Argentina y al Brasil y la carretera a Cochabamba hubo un rápido arranque de la economía cruceña, asentada en la agricultura, la ganadería y la industria, modernizándose con la electricidad, el agua, el pavimento y la telefonía, que el pueblo costeó con sus propios recursos y organizó en forma de cooperativas. Era claro que las regiones sólo podrían avanzar en su economía con sus propios esfuerzos porque los ingresos departamentales se los apropia el Estado colonial.
En la segunda mitad de siglo se sucedieron gobiernos militares de todas las orientaciones ideológicas, Hubo un Barrientos Ortuño de abierta posición pro norteamericana. Dos presidentes de orientación nacional populistas como Alfredo Ovando Candia y Juan José Torres. Hubo otros de carácter abiertamente fascistas, y narcotraficantes como Hugo Banzer Suárez y Luís García Meza. Finalmente un, relativamente largo, periodo democrático: de izquierda, de 1982 a 1985, y de contenido neoliberal de 1985-2005. A pesar de la diversidad ideológica de los gobiernos, el interior del país continuó padeciendo el abandono. Se nombran ministros tarijeños cruceños, benianos, pandinos, chuquisaqueños, cochabambinos, potosinos y orureños, pero no logran tener influencia significativa en las decisiones del gobierno colonial para integrar el país con la democratización de la política económica, incluso el General Banzer, a pesar de ser cruceño, Paz Estenssoro y Paz Zamora a pesar de ser tarijeños realizaron gestiones totalmente centralistas. Es decir que se ha enrraizado una institucionalidad estatal corrupta con una estructura centralista y colonialista, que no permite la participación efectiva de las regiones en las decisiones. La existencia de una gran masa de burócratas en los ministerios del gobierno central en La Paz y las exigencias de un ejército que los sostienen determinan el centralismo colonial que se alimenta de los impuestos y recursos de los departamentos sometidos. Desde los departamentos productores de petróleo y gas se les ha proveído la gasolina, el kerosén, el diesel el gas, el aceite con precios subvencionados, así como los precios del azúcar, la carne de pollo y vacuna, el arroz, el maíz. En cambio los productos del altiplano en el oriente se consumen sobrecargados con el transporte ejemplo el cemento, la papa, etc. Las presiones sociales del campesinado altiplánico son controladas con su desplazamiento como colonos en el Oriente, las fuentes de trabajo de la policía, el ejército, los maestros, en fin existe una permanente apropiación de las fuentes de trabajo dependientes de los ministerios que son ocupados fundamentalmente por gente del altiplano, discriminando a la población local y obligándola a la emigración por falta de ofertas de trabajo.  En el campo democrático las propuestas departamentales son ahogadas por el voto mayoritario del partido gubernamental. Finalmente con la supresión del censo nacional se desconocen ingentes recursos económicos que debería recibir los departamentos emergentes como Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando. Comprobándose con la historia republicana y estatal, que los departamentos de la cuenca amazónica platense, en particular, nada deben esperar del gobierno en un régimen unitario de las características de Bolivia.
Blanes[104], J., en su trabajo sobre la descentralización en Bolivia, en el último periodo democrático, que arranca en los años de la década del 80, reconoce tres etapas políticas relacionados con los esfuerzos descentralizadores: La primera se caracterizó por las luchas sociales, regionales, y por la descentralización político administrativa. Es el resultado de la inclaudicable lucha cruceña por la recuperación de la democracia boliviana con la recuperación de la autonomía municipal. Obligó al centralismo a promulgar la nueva Ley Orgánica de Municipalidades[105], el 15 de enero de 1985, y a llamar a elecciones municipales ese mismo año. La segunda etapa fue el resultado de una larga discusión política, entre las fuerzas cívicas, los partidos políticos, la irrupción nativa con la marcha por el territorio y el gobierno central, en la que el Estado resolvió aprobar la ley de participación popular (LPP); abarca hasta fin de siglo. Desecha las tímidas propuestas de gobierno departamental realizadas por los partidos. En esta etapa ya se muestra con claridad la inconsecuencia de estos en la defensa de los intereses departamentales. Una tercera etapa, que estaría definiéndose en los últimos años de aplicación de la LPP y culminando con la nueva constitución política. Se refiere al proceso social y administrativo por el que la reforma y particularmente la oferta de participación popular va siendo apropiada por la sociedad en sus diferentes expresiones, tanto sociales, como también políticas. Esta oferta retorna desde la sociedad hacia el Estado y hacia el sistema político de los partidos en forma de reivindicaciones por la devolución de recursos fiscales, facultades, poder, participación en la gestión y participación política; “la crisis del centralismo político que decidía la vida del Estado desde la capital del país, había generado una crisis de imposible sostenimiento. Se exigía que la sociedad civil democrática fuese reconocida como actor del desarrollo social pues los grupos de poder tradicional expresados en la iglesia, los militares, los empresarios privados (incluyendo el sistema partidario)[106] y los sindicalistas, habían mantenido la institucionalidad del Estado de una manera corporativa, desconociendo a muchos de los actores sociales territoriales. Las organizaciones indígenas y campesinas, eran consideradas ilegales, irregulares, insurrectas”[107](Molina, 2002, p. 3)
El fracaso de la democracia burguesa como portadora de una política nacional homogeneizante, combinado con la concentración del poder de la república unitarista, que se acentúa con los gobiernos militares, muestran la necesidad de una reestructuración del Estado centralista, desconcentrando el poder. Debido a que los partidos políticos son esencialmente centralistas y sectarios, y habiendo demostrado los movimientos cívicos una mayor amplitud para contener las reivindicaciones de sectores más amplios de la población, estos se transformaron en los abanderados de las luchas por los intereses departamentales.
El carácter oligárquico colonial del gobierno central impidió un acercamiento entre los sectores democráticos y nacionales que defendieron a lo largo del siglo XX los intereses de los sectores marginados por la explotación.
El inicio del siglo XXI va configurando una nueva correlación de fuerzas políticas, con nuevas propuestas ideológicas. En el gobierno central, con la ascensión del Movimiento al Socialismo al poder, el carácter oligárquico y españolista del Estado se transformó en uno plurinacional e indigenista que aspira a interpretar a los sectores excluidos del país. A pesar de llevar ya 5 años de gobierno, la posición ideológica es confusa, todavía no se ha aclarado cuál es el grupo hegemónico dentro del gobierno, aunque ya permite algunas conclusiones. El presidente se ha declarado marxista leninista, socialista y comunista[108] en la reunión de presidentes americanos realizada en, Trinidad Tobago. Sin embargo el discurso mediático lo identifica, de acuerdo con sus expresiones, como indigenista. En realidad es el indianismo[109] de Fausto Reinaga, adaptado por el katarismo en la vertiente nacional indígena, que al decir de García, Alvaro[110] (GA) es ”un discurso que no le pide al Estado el derecho a la ciudadanía, sino que pone de manifiesto que deben ser los mismos indígenas quienes deben ser los gobernantes del Estado”, continuando con Reinaga es la tesis india[111] de reconstrucción del Tawantinsuyö, esto es el imperio Inca con una base de explotación comunal y la eliminación de lo europeo. Si bien el discurso está lleno de anticolonialismo y antiimperialismo no tienen ningún inconveniente en estructurar la hegemonía aymara mediante una nueva constitución política etnocentrista, aprobada en un ambiente de irregularidades y atropellos que la descalifican, con un planteamiento racista y colonial, que implica el sometimiento y la explotación de las otras nacionalidades, ocultadas por el genérico nombre de indio. En la asamblea constituyente esta corriente, la más fuerte, fue la que planteó el cambio de nombre de Bolivia por el de Tawantinsuyö; gracias a la unión de los no aymara esta propuesta fue rechazada. Sin embargo en el conjunto nativo se ha impuesto, posiblemente es el único caso del mundo, en el que se ha incorporado en el documento constitucional la discriminación racial, se ha colocado la categoría de la ciudadanía indígena originario campesina sobre la intercultural y afrobolivianas. La hegemonía aymara, ha logrado la imposición de la bandera aymara, un escudo aymara como símbolos nacionales, el rito aymara del solsticio de invierno como fiesta nacional y el grito de guerra indianista de “”Poder o Muerte” en la modalidad de “Patria o Muerte”, ya que el concepto de poder se encuentra cada vez más desprestigiado, además quiere mostrar el gobierno su decisión de llevar a la población, si es necesario,  hasta el genocidio en su determinación por imponer las posiciones del marxismo radical. Como adorno, y repito, sólo como adorno y como parte de su planteamiento indigenista-aymara y desconociendo su origen llanero, Evo Morales (EM) entremezcla el pensamiento humanista y la defensa del medio de la cultura chané del Ore Ñemongueta Guaraní[112], para el consumo del público nacional e internacional.
Apenas encumbrado en el poder EM, el vicepresidente abrió la campaña del culto a la personalidad de EM, en un proceso de endiosamiento del nuevo Inca del Tawantinsuyö, con esta simbología tomo posesión de la presidencia, dos veces, en el Tiwanaku. Con la publicación del libro “El evismo: lo nacional-popular en acción”, comienza su trabajo GA[113] (2006, p. 1), diciendo: “A dos meses de gestión, resulta tentador ensayar una exposición de las matrices del movimiento de renovación de la política que encabeza Evo Morales…” en una exposición de antecedentes del indianismo, el endiosamiento del nuevo Inca y su estrategia de poder imperial.
García Álvaro es un teórico reconocido en el mundo intelectual de la izquierda y se lo considera como el sostén ideológico de EM, como lo demuestra con su trabajo “El evismo…”. Sin embargo la propuesta sustentada por éste todavía en el mes de enero de 2006 era la del “capitalismo andino amazónico[114]” (CAA) y el 9 de abril de 2010 en una Conferencia en la Facultad de Derecho de la UBA propuso el “socialismo comunitario”[115]. Como resumen de su versatilidad intelectual citemos los comentarios de Andrés Solís Rada[116] (ASR), importante ex ministro del MAS, que dice: “El 3 de mayo de 2009, el vicepresidente Álvaro García Linera (AGL) explicó a Bolpress que el país logrará su despegue económico a través del “Capitalismo Andino-Amazónico” (CAA). Puntualizó la imposibilidad de visualizar un régimen socialista, con estas palabras: “Por un lado, existe un proletariado minoritario demográficamente e inexistente políticamente. No se construye socialismo sin proletariado
…” más adelante continúa el comentario “El 7 de febrero de 2010, AGL, al indicar que el país logrará su despegue económico por la ruta del “Socialismo Comunitario” (SC), afirmó que “el capitalismo es un Estado de camarilla…” y ASR se pregunta ¿Qué milagro ocurrió para que en ese lapso la desindustrializada Bolivia genere un proletariado capaz de dirigir tareas socialistas? ¿Cómo fue posible que en tan corto tiempo las comunidades estén listas para conducir al país al socialismo?” concluyendo por nuestra cuenta el comentario: el cambio sólo se explica por una consolidación de las posiciones de los restos estalinistas y radicales marxistas incorporados al evismo, por el otro lado muestran un debilitamiento de las posiciones indigenistas. Conjunto que expresa a su vez un fortalecimiento del sector dirigido por GA en una radicalización del proceso hacia la construcción de la sociedad socialista comunitaria, que no es otra cosa que las comunidades comunistas de la ex Unión Soviética y la China. Sociedad a la que no pudo llegar el colapsado sistema socialista, y el partido comunista de China para sobrevivir, oportunísimamente, ha aceptado transformarse en administrador de la transnacionalización del capital. Por supuesto que se trata de una aventura que manchará inútilmente con mucha sangre a nuestros pueblos.
Por el otro lado, las luchas cívicas por la descentralización administrativa se transformaron en una lucha por las autonomías departamentales, como respuesta a una ostensible política del gobierno por reforzar el poder centralista con fuerte contenido colonial, cuyos voceros plantean la intensificación de la entrega de las tierras bajas a los indígenas del altiplano, al margen de los intereses de la población local, causa de la marcha actual del CIDOB[117] y más antes del bloqueo de carretera de la Asamblea del Pueblo Guaraní. Se pretende la división territorial, para un mejor control desde el poder central, en unidades territoriales pequeñas con poca o ninguna capacidad de defensa de sus intereses, situación que ya se puede apreciar con los débiles y desesperados reclamos de los pueblos Mosetenes y Lecos del norte boliviano, que protestan ante los proyectos de exploración petrolera al margen de las consultas constitucionales que se deben hacer a las poblaciones nativas. Constituyéndose este ejercicio del colonialismo interno en un factor de disgregación nacional de impredecibles consecuencias para la convivencia pacífica de los bolivianos.
El discurso indigenista gubernamental ha tenido la suficiente capacidad seductora como para provocar la adhesión de importantes sectores llaneros al movimiento indigenista altiplánico, trasladando el rechazo a las políticas tradicionales nacional-oligárquicas de avasallamiento a los territorios nativos, del gobierno centralista a la dirigencia departamental, dividiendo a la población y afectando seriamente a la unidad territorial de los departamentos. El liderazgo ganado por el movimiento cívico en la segunda mitad del siglo pasado se ha visto seriamente debilitado. Sin embargo la fuerza del sentimiento regional, frente a la tradicional exclusión desde el gobierno central, ha logrado el reconocimiento de la autonomía dentro de la nueva constitución política. Evidentemente, está seriamente recortada por el centralismo gubernamental, para asegurar la continuidad de las políticas coloniales. Por lo que el respeto a los intereses cruceños y de los pueblos de la llanura sigue siendo un problema irresuelto a causa de la ausencia de unidad entre los sectores económicos y sociales impidiendo la existencias de los contrapesos indispensables al poder central colonial.
El fracaso del neoliberalismo, desarrollado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario a partir del Decreto 21060 de Víctor Paz y su profundización por Gonzalo Sánchez fue una manifestación en Bolivia de la presencia de una larga crisis, se puede decir terminal, de la globalización neoliberal, la que resulta ser también la crisis de la era de la civilización.
La crisis de la economía globalizada de mercado, en manos del monopolio del capital, privado y estatal, implica haberse iniciado el resquebrajamiento de algunos elementos estructurales que dieron origen y sustentan el sistema de poder, como ser los partidos políticos, la democracia representativa y el Estado. Resultado del inicio del agotamiento de los recursos naturales, el crecimiento poblacional y el descontrol de la contaminación ambiental es la emergencia de nuevas corrientes de pensamiento.
Para entender lo que viene sucediendo en nuestra sociedad y el mundo es importante esclarecer brevemente el papel de estas instituciones en crisis y así poder orientar los posibles caminos a recorrer.
Los partidos políticos. El partido político[118] es el instrumento de mediación entre el Estado y la sociedad. Es una inteligente creación burguesa puesta a su servicio. Con las características que los conocemos actualmente se empezaron a conformar alrededor del siglo XVIII.
Formalmente el partido político es una agrupación que representa a un sector social o grupo poblacional con determinado interés con una posición ideológica definida y sectaria, que pretende obtener la representación de toda la sociedad. Son organizaciones a las que se les reconoce el derecho a participar en los procesos eleccionarios y por lo tanto a proponer sus candidatos para ser elegidos como representantes de la sociedad dentro de un programa de gobierno determinado. También se les reconoce el derecho a informar a la sociedad sobre el desempeño del gobierno. En la oposición, vigila y censura todo comportamiento de los funcionarios y del gobierno que no responda a las aspiraciones de los distintos sectores de la sociedad. En el gobierno, busca llegar a la sociedad informado de todos los avances logrados por las políticas del gobierno, tratando de contrarrestar las opiniones negativas de la oposición. Son amplias y flexibles las atribuciones de los partidos y recurren a los procedimientos más increíbles para convencer a la población sobre la veracidad de sus argumentos.
Todos los partidos políticos tienen como objetivo ampliar cada día su espacio de poder. Buscan apoderarse del poder del Estado mediante la conformación de su gobierno, es la etapa ya cubierta por el gobierno de EM, y una vez en éste, su objetivo central se transforma en reproducir permanente el ejercicio del poder. Todo ello al servicio del sector hegemónico que representa, en la situación actual es el sector aymara, cocalero y burocrático del MAS, aunque públicamente pregonan estar al servicio de la sociedad. Ya se puede apreciar que nos encontramos con dos posiciones contradictorias dentro de la misma organización: la que ofrece satisfacer los intereses y necesidades de la sociedad, por lo que asume un discurso totalmente amplio y con una oferta democrática como es la propaganda nacional e internacional humanista y la defensa del medio de EM. Se trata de contenidos abiertos a todo el público. El otro es el contenido oculto del partido, es el que responde a los intereses de las dirigencias del partido, es decir el que hace uso y abuso del poder, cuando lo ha alcanzado, para poner a la población toda al servicio de la clase hegemónica. Ante el agotamiento de los argumentos para convencer y lograr el apoyo democrático se prepara la obtención del poder total, esta es la tarea que preocupa actualmente al gobierno del MAS.  Divide a la población en ciudadanos de primera y segunda clase. Los miembros del partido son los ciudadanos de primera clase y los otros son los ciudadanos de segunda clase. Los primeros son los dueños de los cargos públicos, los que reciben préstamos del gobierno y toda clase de apoyos y privilegios. Los otros no tienen acceso a los cargos públicos. Por la necesidad de sobrevivencia deben, indignantemente, camuflarse para poder trabajar. Tampoco tienen acceso irrestricto a los apoyos gubernamentales para desarrollar sus actividades privadas. La dirigencia del partido es parte de la clase o sector de la sociedad que representa, por lo tanto es el sector que ejerce el poder dentro del partido. Estos son los dueños del partido. Son los que ejercen directamente, mediante uno de sus miembros, o indirectamente mediante uno de sus empleados de confianza, la jefatura del partido. El presidente Evo Morales es el presidente de las federaciones cocaleras, el jefe del MAS y el Inca de los aymaras. Éste, a su vez, se rodea de gente de una lealtad ciega, con los que determina el contenido abierto y el contenido oculto del partido y define las estrategias a seguir para mantener el apoyo mayoritario de la población en la conquista y ejercicio del poder político y, a su vez, ejecuta las acciones del contenido oculto, que favorezcan los intereses del sector económico, ideológico, social, étnico, religioso u otro que representan.
En Bolivia, se puede decir sin lugar a equivocarse, que todos los partidos son centralistas, por lo tanto verticalistas, y el MAS no es una excepción. Nacen a iniciativa de algún personaje, política o económicamente importante como fue el caso de ADN, CONDEPA y UCS, otras veces un grupo elitista los inicia como movimiento y posteriormente se transforman en partido al mismo tiempo que alguno de sus miembros se apodera del mismo como sucedió con el MNR, el MIR y ahora el MAS. En todo caso su estructura obedece a una línea de autoridad vertical, aunque periódicamente realicen consultas a sus miembros de aparente democracia interna en convenciones amañadas por la jefatura.
Los candidatos que eligen para representar al pueblo en supuestas elecciones democráticas, no pueden ser otra cosa que miembros de reconocida lealtad al espíritu del partido, esto es gente de obediencia ciega al centralismo del partido. Deben ser miembros hábiles en seducir a la ciudadanía con ofertas generosas que les permita obtener su apoyo y transformarse en sus elegidos. Dicho de otra forma se utiliza un procedimiento de selección democrática para elegir representantes antidemocráticos y verticalistas de los partidos, para disponer del poder del Estado y con ello la capacidad de explotar a los otros sectores sociales, a las otras etnias y/o a las otras regiones, consolidando el gran engaño democrático a la población.
Estas características determinan que los partidos ni los gobiernos nacionales no pueden responder a la diversidad de intereses regionales, de tipo étnico o ideológico, por lo que su accionar siempre será sectario y por ello de corta duración. Su afán de poder los lleva a transformarse en instrumentos de los sectores hegemónicos, generalmente de tipo económico, como es actualmente la federación de cocaleros del Chapare, pero también de carácter cultural o nacional como es el caso de la hegemonía determinada por la élite de la nación aymara. Las múltiples inconsecuencias de todos los partidos nacionales que apoyaron circunstancialmente a las autonomías departamentales en el proceso de lucha contra el centralismo gubernamental, demuestra su vocación centralista. Los partidos de contenido nacional han quedado sólo para el museo y son corresponsables de la dependencia colonial de las   regiones y sectores marginados.
Un proceso de creciente madurez política y dignificación de los pueblos, que se refleja en la búsqueda conciencial de la identidad, debe partir del autorreconocimiento, que implica también el reconocimiento de la diversidad de intereses económicos, de culturas, historias, lenguas, etc. Es evidente que un primer acercamiento es lo que ya la realidad va imponiendo naturalmente con las “organizaciones ciudadanas” de alcance regional y departamental.
Los exponentes de la alienación de la identidad regional, cuestionan a estas organizaciones su falta de alcance nacional y que la falta de liderazgo nacional impide la propuesta de un presidente. Pero hay que cuestionarse también: ¿acaso el estado nacional responde a los departamentos?, y ¿beneficia la presidencia llena de poder para homogenizar la cultura e imponer la explotación de los sometidos? ¿Van a seguir, eternamente, destruyéndose entre hermanos, como la guerra fratricida provocada por los peruanistas paceños, a costa de una traición a la patria para conseguir la capitalía, un presidente del departamento y reproducir el despreciable papel del centralismo colonial? Las organizaciones ciudadanas priorizan el interés regional y sobre éste, en forma consensuada se construirá el nacional, lo que necesariamente llevará a refundar un nuevo Estado, en el que esté representada la diversidad identitaria que lo conforman, asentado en la obediencia a las bases, en el principio del respeto al otro, el principio de la libertad individual y colectiva y la democracia. Es la única forma de poder encarar el futuro de esta diversidad, en unidad, en hermandad y sin las desconfianzas que permanentemente nos abruman.
Para terminar con los partidos políticos digamos que estos han existido en las distintas etapas históricas, acorde a las exigencias del momento. Inicialmente fueron organizaciones que se conocieron como facciones, eran grupos elitistas de corto alcance, conformados alrededor de un jefe de reconocida autoridad, con el propósito de ejercer el poder y cubrir algún programa cortoplacista. En épocas de represión violenta, como en la edad media, con la inquisición, florecieron las organizaciones secretas, conocidas como logias, que no fueron otra cosa que agrupaciones políticas que permitió la coordinación de la intelectualidad marginalizada por el poder. Como toda agrupación humana está sometida a todas las deformaciones posibles que se encuentran en los partidos y más todavía por su carácter secreto. Las logias en Santa Cruz surgieron ante la violenta política represiva de los gobiernos centralistas y neocoloniales, ya sean civiles o militares. Parece, y digo así por que no existe un pronunciamiento de ellas, que sus objetivos fueron la defensa de intereses regionales como es el manejo del patrimonio del pueblo, nucleado en las cooperativas realizadas con recursos cruceños, así como la defensa de las fuentes de trabajo para la población local. Se debe recordar que los recursos aportados por el pueblo cruceño para la construcción del ferrocarril Santa Cruz-Cochabamba, el gobierno colonial de Saavedra se los apropio abusivamente. Por otro lado el torrente de interventores y coordinadores que continuamente envía el gobierno colonial a Santa Cruz deja sin medios de vida a miles de cruceños. Dentro del ambiente oligárquico dominante las logias se han transformado en grupos cerrados seriamente cuestionados por el uso arbitrario de los recursos que manejan. Otra organización que ha surgido alrededor de nuevas formas institucionales, es la organización de poder de las universidades autónomas y públicas, conocidas en la jerga universitaria como “camarillas”. Son agrupaciones amorfas de amigos, de dudosa identificación con el interés regional y universitario, que se articulan dentro de la institución para usufructuar de privilegios, de beneficios mutuos y con la complicidad de los organismos internos colectivos. Es decir que la autonomía universitaria necesita un control de los generadores de los recursos que la sostienen, en el caso cruceño, de organizaciones representativas del pueblo cruceño[119]. Esta autonomía, con la discrecionalidad universitaria, para los departamentos, para los municipios o para los indígenas y regiones de Bolivia seguro que sólo serviría para generalizar y perpetuar la feudalización institucional, por lo que la sociedad está obligada a considerar los indispensables mecanismos de control efectivo.
La democracia. En cuanto a la democracia empecemos diciendo que: “En un sentido estricto la democracia[120] es una forma de gobierno, de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a los representantes”.
En Santa Cruz ha existido tradicionalmente el uso de la democracia asamblearia, usada por los nativos ancestralmente en la forma de democracia comunitaria y por los mestizos en la forma de cabildo, como herencia de la cultura española. Con la república y la construcción del Estado se ha ido adoptando la democracia representativa. Todas actualmente incorporadas a la constitución política, incluyendo la democracia directa y participativa, la que debe ser el marco de la democracia representativa.
La democracia comunitaria es la expresión de democracia más antigua que conocemos en el continente, heredada de nuestros ancestros nativos y que ahora, su uso en las comunidades nativas, sirvió de modelo para su introducción de la democracia directa y participativa en la actual constitución política con el nombre de “democracia comunitaria”. Es necesario aclarar que la democracia comunitaria de los nativos de llanuras y valles no es la misma democracia comunitaria de los indígenas del Qullasuyu, ésta es la adoptada por el gobierno colonial.
La democracia comunitaria[121] de los pueblos amazónicos y platenses es la que resulta de la reflexión colectiva de individuos libres. No se somete la libertad del individuo a la voluntad social, sino que la social es el resultado de los acuerdos colectivos libremente acordados por individuos libres. La reflexión comunitaria no es una discusión de posiciones cerradas que se termina con una elección tipo camaral, ignorando los derechos de las minorías, no se resuelven los problemas con levantamientos de manos como en el ejercicio asambleario o sindical y menos por aclamaciones de multitudes tipo cabildo. La democracia comunitaria, hay que destacar, no es una discusión es una reflexión colectiva, una forma de generar comunitariamente ideas que alimenten la solución de los problemas, termina cuando los argumentos que se analizan y las soluciones encontradas satisfacen a todos. Otro aspecto muy importante que se debe resaltar en esta democracia es que todos tienen la misma formación, la reflexión colectiva es de un contenido pedagógico muy importante  para el conjunto de la comunidad, no existen los políticos profesionales como en los partidos políticos, tampoco los lideres sindicales con su escuela de cuadros para manipular las bases, la enseñanza a rescatar es que esta democracia sólo es posible cuando la población tiene la formación suficiente para defender sus intereses y sepa reconocer a los jefes manipuladores y deshonestos, separándolos del ejercicio de sus funciones. Esta es la esencia de la libertad y la democracia comunitaria de los pueblos de la cuenca amazónica platense.
Es en la relación de esta democracia comunitaria, en la que se conjuga creativamente la libertad individual con la social, donde en opinión de Erich Fromm[122](1987 p. 42 y 43) la libertad como expresión de la autoconciencia caracteriza la existencia humana como tal. Además “El hombre cuanto más gana en libertad, en el sentido de su emergencia de la primitiva unidad indistinta con los demás y la naturaleza, y cuanto más se transforma en individuo, tanto más se ve en la disyuntiva de unirse al mundo en la espontaneidad del amor y del trabajo creador o bien buscar alguna forma de seguridad que acuda a vínculos tales que destruirán su libertad y la integridad de su yo individual”. La primera parte del razonamiento de Fromm corresponde al fundamento humanista de la democracia comunitaria de los pueblos de la cuenca amazónica platense. La segunda parte de la disyuntiva es la que corresponde a la ausencia de libertad e integridad a causa del sometimiento al poder, el que está presente en la esencia de la democracia comunitaria andina, sobre la que pretende construir GA su socialismo comunitario, como veremos luego.
La condición de individuos libres o enajenados nace de su relación con el producto del trabajo, es decir que al ser el producto del trabajo propiedad del que lo realiza lo convierte en un trabajador libre, por el contrario será un trabajador enajenado[123]. La primera relación determina la condición del ser libre para el nativo amazónico platense. En la democracia comunitaria se concreta la libertad social en forma armónica con la libertad individual, constituyéndose en el núcleo de la sociedad humanista. En las sociedades del poder, de acuerdo con el joven Marx, reflejado en los “Manuscritos económicos y filosóficos”, el asalariado no es dueño del producto de su trabajo, ya que éste pertenece al dueño del capital, condición que determina la enajenación del trabajador, es decir el trabajador privado de su libertad, cosificado y deshumanizado. Cuando se menciona al capital no se diferencia si éste es privado o del estado, el carácter de explotado del trabajador asalariado, no varía con la propiedad del capital. Es por esta razón que ya no se reconocen diferencias de fondo entre el imperialismo privado y el imperialismo estatal y cada vez resulta más extraño hacer diferencias entre derechas o izquierdas. De lo que se habla ahora es de la sociedad del poder, que incluye complementariamente al imperialismo privado y al estatal.
La visión de la democracia comunitaria del Movimiento al Socialismo necesariamente debe estar de acuerdo con la verticalidad del poder, ya sea que se piense en las aspiraciones de reproducir el poder del imperio tawantisuyano, referencia principal de la identidad aymara, o el poder del estado vigorosamente consolidado en la última constitución política del MAS de contenido marxista, sustento de la última propuesta gubernamental del “socialismo comunitario”. Ante la ausencia de homogeneidad ideológica de los teóricos del gobierno tomemos como representativas las apreciaciones de GA en su condición de vicepresidente y en su condición de intelectual, siguiendo la opinión común, apoyada por la posesión de varias decenas de miles de libros, pero también por su experiencia de poder como integrante del grupo terrorista del Ejército Guerrillero Tupaj Katari.
En su trabajo “Democracia liberal vs. democracia comunitaria[124]” nos instruye, que la democracia comunitaria se expresa por: La sobreposición de la identidad colectiva por encima de la individualidad”, con lo que confirma la verticalidad del poder hasta en su base, acorde con sus declaradas aspiraciones del control total del poder del Estado. Con lo que se explica también la suplantación de la democracia de bases con la conformación de direcciones paralelas en aquellas organizaciones que discrepan con sus determinaciones. También nos confiesa la disolución del ser como individuo en la identidad colectiva. Con lo que ya se puede apreciar su compromiso en una determinación por la robotización del trabajador, su admiración por el hombre masa del industrialismo del siglo pasado, contradiciendo el principio fundamental de la materia, de su permanente cambio y movimiento, y más en esta categoría, la más elevada de la materia, que es la organización social. La radicalización, consecuente con su pensamiento, del industrialismo por los marxistas leninistas y estalinistas demostró la inviabilidad de la utopía comunista con el colapso del sistema dirigido por la Unión Soviética. No fue el fracaso de un Estado, fueron más de 20 Estados en el mundo, que habían accedido al proceso revolucionario hacia el comunismo, que después de lograr el poder total, fracasaron. Quedan en una miserable situación de pobreza, por el sometimiento al poder concentrado del Estado, la isla Cubana de los hermanos Castro y Corea del Norte, jugando irresponsablemente con la guerra nuclear como instrumento macabro para alcanzar el comunismo. El insistir en lo mismo sólo se podría explicar por la presencia de una ignorancia demasiado grande en Bolivia, con lo que no se haría otra cosa que exculpar responsabilidades por promover semejante aberración, o reconocer un anti humanismo enfermizo y criminal en la búsqueda de objetivos sectarios y personales, en los que la ruptura socialista se mostró exitosa, para la conformación de una nueva clase de privilegiados, llamada la nomenclatura.
Un importante aspecto a dilucidar es la última y temeraria afirmación de GA sobre el objetivo del gobierno del MAS, con la que anuncia la conformación de una sociedad asentada en el socialismo comunitario. Revisando las conclusiones de GA en el momento culminante de su conferencia en la Universidad de Buenos Aires, en su resumen final, refiriéndose al socialismo comunitario y desnudando su pensamiento trotskista, decía: “esta claro que cualquier alternativa postcapitalista es imposible a nivel local, es imposible a nivel estatal”…” tiene que ser una obra común, universal, continental y planetaria[125]”.
Aunque en su discurso, adjetivase el socialismo comunitario unas veces como socialista, otras lo identifica como un socialismo de raíces indígenas, sin especificar ninguna de las 36 etnias contempladas en la constitución política, también deja implícito que se trata de la utopía comunista del viejo Marx cuando se declara marxista ortodoxo, finalmente engloba todo como alternativa pos capitalista, saltándose la etapa imperial.
Lo primero que hay que resaltar es que se pretende imponer, mediante el poderoso estado, una propuesta uniformizante de carácter planetario, por lo tanto se está hablando de la igualdad comunista. Este tema, así planteado ya ha sido descartado, en primer lugar por la praxis, cuyo resultado fue el fracaso sociopolítico más grande del siglo pasado, en el mundo, y en segundo lugar porque la igualdad, por mucho que se la adorne, es aceptar la robotización del ser, con lo que éste pierde su individualidad, su necesidad de ser diferente, su capacidad creadora, su naturaleza humana, y el ser humano por su condición intrínseca jamás aceptará una situación definitiva de deshumanización. Precisamente, ésta fue la causa principal de la debacle socialista del siglo pasado y ésta será la causa de la debacle de la era del poder.
Otro aspecto, imprescindible a dejar de comentar, es la conclusión a la que arriba, muy importante por que en ella descansa el objetivo final del largo proceso que identifica como la sociedad comunitaria. Plantea que en base al poder del Estado se posibilitará la estructuración de un gobierno de movimientos sociales, el que responderá democráticamente a las aspiraciones, básicamente, de las comunidades agrarias y los sindicatos de trabajadores (enajenados)[126]. GA ve esto como una contradicción entre gobierno del Estado como dueño del monopolio del poder y un gobierno de movimientos sociales, a los que identifica, por su carácter social, como portadores de la democracia. Hay que recordar que tanto el poder del Estado como el sector portador de la democracia estaban presentes en los gobiernos neoliberales, y visto así el gobierno de Sánchez Gonzalo se parecía tanto al de Morales Evo, que hasta se aproximan en la cantidad de muertos que ha habido en las dos gestiones.
Continúa instruyéndonos, que este monopolio de decisiones, del Estado, y democratización de decisiones, de la sociedad, tendrán que convivir contradictoriamente por un tiempo largo. De pronto, sin ninguna explicación, como si se tratara de un insignificante capricho de la naturaleza, GA en el papel del Gran Houdini[127], saca de la manga la solución nada menos que de la contradicción principal de la era de la civilización, la que evidentemente él todavía ha conceptualizado, esto es poder y humanismo, mejor expresado sería antihumanismo y humanismo, mediante la puesta en escena de la “categoría de Gramsci del Estado integral”. En un momento, dice GA, en que los monopolios no sean necesarios, ahí estará el Estado integral, que no es otra cosa que el nuevo Estado con funciones “meramente como gestión y administración de lo público y no como monopolio de lo público”[128]. Con lo que nos plantea la metamorfosis mágica del viejo y poderoso Estado en un renovado y obediente Estado administrador de las funciones públicas, con lo que se estaría arribando a “un mundo de la socialización, de la felicidad y de la riqueza para todos”, frase con la que nos recuerda la euforia de Fukuyama[129] en su libro titulado el Fin de la Historia.  Sólo a modo de resumen, recordar que “la riqueza para todos” es un  sueño ya desechado y su introducción en la argumentación es un insulto a la inteligencia, aparte que se contradice flagrantemente con la aseveración hecha en el mismo documento, en el que sostiene que: “ninguna clase dominante abandona voluntariamente el poder”.
Volviendo a la fundación de la República, ésta nace en la ideología del iluminismo liberal impuesto por Sucre y Bolívar, en un proceso de fortalecimiento del Estado al servicio de la casta dominante, identificados aquí, culturalmente, como españolistas, empeñados en la construcción de una identidad artificial, de un nacionalismo con símbolos mitos, héroes al margen de la historia, de los intereses de la diversidad cultural boliviana y cuyo rasgo común, en el ámbito externo, fue su sometimiento a centros de poder internacional, y en el ámbito interno, la explotación de riquezas naturales y recursos humanos en base a la discriminación política, económica, departamental, regional, social, étnica, cultural, religiosa, de género y muchas más.
A partir de la construcción de la identidad nacional por el poder hegemónico, también se construyen las identidades departamentales, Si revisamos someramente la identidad actual del cruceño, la que es aceptada formalmente, podemos observar que es una identidad construida desde el poder. Todo proceso de construcción implica una acción externa: el ingeniero construye el edificio, éste no se construye a sí mismo. Al construirle una identidad al ser cruceño se lo ha cosificado, se le ha desconocido su capacidad humana de creación, de auto reconocimiento, de autovaloración, de su necesidad de un crecimiento consciente de su dignidad y de su libertad.
Al ser cruceño construido, en consecuencia, se lo ha deshumanizado, tiene una identidad deformada[130] que no responde a su cultura, a su historia ni a sus intereses. Es una identidad que se le ha construido ocultando los aportes de nuestros ancestros nativos y de otros grupos excluidos. Acomodándola, inicialmente, a los intereses del imperio español, desde el comienzo del avasallamiento de estos territorios, cuya fecha  según los investigadores[131] del PIEB sobre “La permanente construcción de lo cruceño”, es la fundación de esta ciudad, el 26 de febrero de 1561, y posteriormente reconstruida acorde al interés nacional, desde la visión del centralismo, en función de las necesidades del sector hegemónico altiplánico y expresada a través de la llamada nación boliviana, a partir de la deformación de la historia de las luchas independentistas y la formación de esta república, el año 1825. Finalmente la permanente construcción de lo cruceño responde a las necesidades coyunturales de adaptar día a día esta identidad, construida, en función de los intereses de los sectores hegemónicos de Santa Cruz, conflictuados permanentemente por identidades excluyentes del centralismo neocolonial, cuya finalidad es la explotación del ser cruceño y su minimización cultural, y por identidades excluidas, en sus esfuerzos por ser reconocidos como dueños de este territorio y ser integrados en el ser cruceño. Por su cualidad dominante, se pretende diluir en ella las identidades locales, ya sean estas de las naciones nativas, campesinas, así como las identidades sociales, de género y otras.
Como ya se ha adelantado, tampoco la formación de la identidad nacional boliviana ha respondido a un proceso de auto reconocimiento. Es otra construcción que ha obedecido a necesidades de sectores hegemónicos ligados a intereses internacionales. Esta importante constatación coloca todavía más lejos, la identidad construida para los cruceños desde el poder, de la que conscientemente pudieran reconocer los cruceños como expresión de sus intereses, libremente determinados.
Dicho de otro modo, las relaciones más importantes de la identidad construida del ser cruceño tienen un sentido vertical, de arriba hacia abajo; son las impuestas por sectores hegemónicos minoritarios dentro del conjunto nacional boliviano y, a partir de ellas, la construcción artificial de la identidad del ser cruceño. En el mismo sentido se establecen las relaciones con los subconjuntos locales, estas son las identidades de los distintos sectores integrantes del Departamento: el sector mestizo, las naciones nativas, los conjuntos municipales y provinciales del departamento, sociales, de género, etc. Podemos afirmar que estas son relaciones de poder, de tipo autoritario, respaldadas por los procesos de manipulación democrática, aprobados por el poder, que fácilmente caen en posiciones dictatoriales. Son el origen de conflictos internos, cada vez más agudos, en la lucha por la defensa de los intereses del ser cruceño así como de los otros componentes de la nación boliviana.
El éxito del poder en la construcción de la identidad es conseguir que los mismos colonizados, en este caso los cruceños, la internalicen como suya y se transformen en agentes inconscientes al servicio del centralismo y contra los mismos intereses de los cruceños.
Entre muchos, un ejemplo de esta inconsciencia en sectores importantes de la población cruceña es la actitud ingenua de la ciudadanía en relación a una policía enajenada, que no responde a las necesidades departamentales; que se encuentra en permanente conflicto con las autoridades locales elegidas democráticamente, anteponiendo las órdenes del centralismo, la mayoría de las veces de funcionarios puestos a dedo, antes que ponerse al servicio de las necesidades de la población; adoptando sus miembros  actitudes de fuerzas de ocupación, actúan arrogantemente, intimidando a la población y no se consideran obligados a rendir cuentas de los delitos cometidos por sus miembros. Sin embargo, ante el incremento de la actividad delincuencial civil y policial, la población reclama más policías sin darse cuenta que así fortalece el poder que los oprime, la delincuencia y el atropello; aparte que la policía ya sea como uniformado o administrativo quita miles de fuentes de trabajo a los cruceños, hiriendo su dignidad y aumentando la desocupación local en desmedro del interés económico-social de la región. La misma inconsciencia se reproduce en los otros departamentos a nombre de la identidad boliviana.
Este planteamiento construccionista de la identidad ha entrado en crisis en el nuevo siglo. Es la crisis que se expresa en una lucha contra la transculturización colonial que han padecido y padecen los sectores sometidos a lo largo de la historia de parte de grupos económicos y étnicos anclados en el altiplano durante el periodo republicano y en el recientemente iniciado modelo estatal.
Resulta evidente que para los sectores hegemónicos es indispensable el ejercicio del poder para conseguir su reproducción apropiándose de las riquezas de los sectores sometidos. Necesita de su permanente fortalecimiento para asegurar su vitalidad. Sin embargo en la etapa de la globalización se ha planteado una contradicción cada vez más aguda entre el crecimiento del poder y el despertar de la conciencia identitaria.
Manuel Castells[132], connotado sociólogo español, en su investigación “El poder de la identidad” apoyado en las encuestas del World Values Survey[133] encuentra, entre otros ejemplos, que la mayoría española muestra su primera preferencia con la identidad local, en segundo lugar con la identidad nacional española y en tercer lugar con la identidad europea. Concluye que “Cuanto más abstracto se hace el poder de los flujos globales de capital, tecnología e información, más concretamente se afirma la experiencia compartida en el territorio, en la historia, en la lengua, en la religión y, también, en la etnia. En un mundo globalizado como el nuestro, la gente se aferra a su identidad como fuente de sentido de sus vidas”. En verdad habría que decir que el problema radica en que la frondosa burocracia del super Estado con su poderoso sustento militar cada vez empobrecen y esclavizan más al individuo, obligándolo a replantear las estructuras sociales, politicas y económicas. Esta irresolución existencial es causa de un horroroso cuadro internacional de convulsiones, guerras y genocidios entre los dueños del poder y las regiones agredidas. A nivel nacional la lucha por el poder, nada más que del gobierno actual contra las reivindicaciones de las identidades locales, ya ha causado más de una centena de muertos, aparte de los abusos contra la libertad de prensa, la dignidad de las personal, el atropello al poder judicial, los encarcelamientos, exilios y otros.
Como reacción a esta permanente imposición, los pueblos se atrincheran en la defensa, de sus intereses económicos, de sus derechos humanos, los que son reforzados con la defensa de su cultura, de sus valores históricos, de sus costumbres, en definitiva de la dignidad de su ser. Es un proceso del desarrollo de la consciencia del ser social, por lo tanto es democratizador y revolucionario por que nace de abajo hacia arriba, que se transforma en una lucha defensiva permanente y, lamentablemente sin solución, mientras siga vital la existencia del poder central.
Las demandas de autonomías en Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y sectores democráticos del altiplano obedecen a la creciente conciencia identitaria, que exige respeto de parte del poder andino a las aspiraciones democráticas de estos departamentos. La actual experiencia boliviana demuestra una vez más, la disposición del poder de llevar al pueblo hasta el borde de una confrontación civil a fin de preservar su dominio sobre las identidades sometidas.
Es en este cuadro, a nivel planetario, donde se puede apreciar con claridad el papel que juega la identidad construida como instrumento del poder, el que se muestra, en forma cada vez más evidente, como el origen de un final catastrófico para la humanidad. Por otro lado está el reconocimiento de la identidad del ser consciente como barrera defensiva de los valores en que se asienta el derecho a la vida y se transforma en la garantía de la sobrevivencia del género humano.
El objetivo central de las políticas imperiales, ya sean éstas abiertamente coloniales, como la española o neocoloniales, como las republicanas, con el sometimiento de las naciones minoritarias, es la expoliación económica que se ha realizado a lo largo de estos periodos y se sigue realizando en la actualidad.
Otro objetivo importante de la imposición de una nación sobre otras es la homogenización del ciudadano local transformándolo en ciudadano nacional, que se realiza en base de la cultura del grupo dominante y la minimización de las culturas de las naciones sometidas.
La educación descentralizada[134], en manos de cada pueblo, etnia o nación genera identidad consciente por lo tanto afecta el interés básico del imperio. Le quita poder y la capacidad de expoliación de las naciones sometidas. Siendo ésta la esencia de su existencia, el estado imperial no permitirá una descentralización educativa. En Bolivia, ésta, está centralizada tanto a nivel bachillerato mediante el Ministerio de Educación, como a nivel universitario a través del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana y el Ministerio de Educación. Tampoco aceptará distribuir los recursos económicos ya que estos son la esencia del poder. La mejor demostración de esta política es la actitud del gobierno, que niega los recursos económicos necesarios para la implantación de una autonomía efectiva.
Pone en marcha una intensa actividad propagandística, educativa, legal y coercitiva para lograr la colonización económica en primer lugar, cultural en segundo lugar y finalmente la aceptación servil a la autoridad del poder opresor. El ejemplo de la policía coloca al cruceño y demás conjuntos oprimidos en este último nivel.
Si bien el pueblo cruceño posee una cultura vigorosa, ésta ha estado permanentemente sometida a los afanes de transculturización a través del sistema educativo centralizado, aparte de una gran actividad andino centrista desarrollada internamente y externamente, en la que se resaltan los valores y tradiciones de la cultura e historia altiplánica, dejando relegados al silencio los valores y tradiciones de la cultura de los llanos y valles. De forma similar la historia oficial de Bolivia minimiza y oculta los gloriosos hechos, que dan brillo a la historia vivida por los pueblos de la cuenca amazónica platense.
Esto se puede apreciar con mucha claridad en los afanes del gobierno actual por imponer la cultura aymara. Para ello organizó una bochornosa Asamblea Constituyente, que tuvo que ser desplazada a un cuartel militar para evitar su disolución y finalmente terminarla en otro departamento, Oruro, sometida a una definición impuesta por un Congreso amedrentado por la imposición antidemocrática y sectaria del partido oficial. De esta manera se obtuvo una constitución etnocéntrica y racista, con un doble nivel de ciudadanos, discrimina a los mestizos y privilegia a los nativos[135]; impone una simbología aymara en un estado que se reconoce plurinacional, como es la imposición de la bandera aymara como bandera nacional y la propuesta de un escudo[136]  para las fuerzas armadas en el que abiertamente se destaca simbólicamente la hegemonía aymara sobre las otras naciones, además centraliza la educación y los recursos económicos, entre otros. Es una constitución cuya vida no se prolongará más allá de la misma existencia del gobierno actual.
El Estado. La historia de la era de la civilización es una lucha permanente de las estructura de poder por conservar los privilegios de los sectores hegemónicos contra los sectores sometidos, los explotados, a los que se le ha quitado su dignidad y sus derechos más elementales como es un salario justo, la salud, la educación, etc. En resumen es la lucha del humanismo contra el poder.
Hay que resaltar que cuantas veces el poder hegemónico ha sido vencido, el nuevo poder, por la condición de reproducir el poder, inmediatamente renuncia a sus reivindicaciones iniciales y se transforma en el nuevo detentador de los privilegios contra las mayorías oprimidas.
Se hace indispensable entrar a hacer un brevísimo resumen del origen del poder, entendido como función del estado, para comprender mejor la inserción de la identidad construida en el proceso de manipulación de los sectores oprimidos y la lucha de estos contra el neocolonialismo.  Entendido éste, según Diego Ayo[137] (2009, p. 5), como “la potencialidad de hacer que un tercero haga o realice lo que se le solicita u ordena".
El poder[138] nace junto con la civilización, en los inicios de esta era, con el aparecimiento del excedente del trabajo. Para asegurar su apropiación privada se hizo indispensable el uso de la fuerza coercitiva, generando el Estado y dando lugar al desarrollo de la sociedad dividida en clases de la era de la civilización.
El excedente del trabajo, el Estado como instrumento del poder, y la existencia de explotados y explotadores son   las características fundamentales de la era de la civilización, sólo se modifican los modos productivos; ya sean estos esclavismo, feudalismo, capitalismo o imperialismo y esté, éste, en manos privadas o del estado, estas características se mantienen invariables, constituyendo el poder el sostén permanente de la era de la civilización.
El crecimiento del poder ha llegado a su máximo nivel con la globalización de la riqueza y su control monopólico. Con el inicio del agotamiento de los recursos naturales se ha iniciado la crisis del sistema de poder, con el colapso del sistema socialista y la quiebra del poder unipolar de las transnacionales. Su análisis es imposible en este trabajo, sin embargo no se puede dejar de reconocer que la crisis permanente del poder[139] financiero ha empezado a dejar espacios poblacionales, territoriales y económicos que posibilitan experiencias que se escapan del control del monopolio del poder como es el caso de Somalia en África, Palestina, Afganistán e Irak en Asia, el resurgimiento en América de intentos socialistas ya fracasados, deben servir como muestra de los resultados de la anarquía generada en los espacios en los que el poder comienza a mostrar sus debilidades y nos avizora el futuro de un mundo catastrófico que sólo un planteamiento humanista[140] puede evitar. Lo que queremos decir es que se ha iniciado el final de la era de la civilización y empieza a replantearse como única alternativa viable para asegurar la sobrevivencia de la humanidad una era de humanismo, el humanismo que ha acompañado a la sociedad a lo largo de la era de la civilización como la fuerza espiritual y cuya presencia ha puesto invalorables límites a la deshumanización del poder, ahora con la crisis del poder llega el nacimiento de la nueva era, la era del humanismo.
El poder es el origen de todo tipo de divisiones del género humano, como es la separación de la sociedad en clases sociales; de exclusiones como la que han sufrido los nativos, desde la llegada de los españoles; de discriminación de género, padecida por la mujer desde el nacimiento de la civilización y las identidades construidas y enfrentadas unas a otras, acorde con el interés del poder del Estado. Todas estas diferencias, exclusiones y discriminaciones sólo se podrán superar con la redefinición del Estado, reemplazando la verticalidad del poder con el que surge desde las bases.
La gestación de la identidad nacional y departamental son proyectos hasta ahora no realizados a causa de la permanente intromisión del poder en su empeño por imponer la homogenización nacional. La identidad del ser cruceño, hasta el momento es una aspiración sentida por todos, pero hasta el presente sólo existen identidades diferenciadas y separadas por el centralismo y el sectarismo.
El respeto de los derechos humanos, el derecho a la autodeterminación, reconoce el derecho de los pueblos a ser los gestores de su futuro. El respeto al otro obliga a aceptar a los otros de la forma que ellos lo determinen. Se debe encontrar la forma de convivir armónicamente aceptando las diferencias, lo que implica el reconocimiento de principios que posibiliten la defensa y promoción de intereses comunes en base de la aceptación del diálogo. Es decir que la expresión de la identidad del ser cruceño no debe ser otra cosa que una expresión de identificación de intereses comunes, la voluntad de exigir respeto y convivir pacíficamente con nuestras diferencias. La identidad mestiza, de origen chané español, cuya expresión es la capitalina, no integra a las identidades guaraní, guaraya, valluna, chiquitana, mojeña y otras de tipo étnico. Hasta ahora no ha habido suficiente diálogo para la conformación de un frente de unidad, que defienda la región mancomunadamente frente al abuso colonial. No se trata de fundirlas en una identidad, se trata de lograr un accionar común aceptando las diferencias. La conjunción reflexiva de las diferentes identidades coordinará la riqueza de las diferencias en la conformación de un proyecto de interés común.
Federación humanista
En base a las experiencias de nuestros ancestros amazónico-platenses, resumidos más arriba como la cultura chané, y del aporte de la historia universal, la única propuesta respetuosa de las diferencias de identidades particulares y que preserva la unidad del conjunto boliviano es la que surge, como una solución abierta, a través de una estructuración administrativa de tipo federal y de contenido humanista.
La violencia crónica utilizada en la pretendida homogenización nacional es la causa del achicamiento y empobrecimiento de Bolivia, por lo tanto el monopolio del poder central debe ser eliminado. Los espacios de la violencia son terrenos fértiles para el crecimiento de más violencia, medio en el cual el poder posee todas las ventajas. El esclarecimiento debe llevarse al campo ideológico, el espacio del conocimiento es tierra árida para el poder, es en el ambiente de la reflexión abierta donde florecerá la primavera de la federación humanista.
El abigarramiento[141] de intereses, constitutivos de la totalidad nacional, debe ser resuelto mediante el reconocimiento del principio de la autodeterminación de los pueblos, eliminando cualquier tipo de discriminación que ponga en peligro la plena vigencia de los derechos humanos consagrados por diversos documentos de las Naciones Unidas.
El mundo civilizado y Bolivia como parte de él, acorde con las necesidades del poder, es manejado desde posiciones elitistas. Cada nuevo gobierno pretende imponer la línea política que sustenta, sin ninguna consideración a la diversidad de condiciones, peculiaridades y aspiraciones de cada región. Origen de los cambios ideológicos frecuentes. Para posibilitar la búsqueda de soluciones estables a esta diversidad, dentro del respeto al otro, en el que cada región determine libremente su destino, es que se hace imprescindible la introducción de la organización federal y humanista.
La riqueza del respeto al otro está en la aceptación de las diferencias, lo que implica por ejemplo: que las comunidades que deseen mantener la propiedad comunitaria de la tierra puedan hacerlo, así como las regiones que prefieran mantener la propiedad privada también puedan hacerlo. Cada sector de esta diversidad identitaria tiene todo el derecho a desarrollar su cultura, así como defender sus intereses, dentro de su región. Los usos y costumbres deben ser defendidos, siempre que se encuadren en el respeto a los derechos humanos reconocidos universalmente
La reestructuración del Estado debe estar precedida por una declaración princiista solemne de todos sus componentes de respetar, promover y garantizar la unidad del conjunto boliviano, así como su compromiso por defenderla, agotando todos los medios pacíficos para llegar a acuerdos consensuados.
Así como sería inaceptable cualquier pretensión separatista a nivel nacional, tampoco parece que estén dadas las condiciones para aspirar a una modificación de las fronteras departamentales. Es verdad que estas no responden a los territorios de los pueblos ancestrales, pero tampoco se pueden negar los derechos adquiridos, durante 500 años de inmigración, por la existencia de poblaciones mestizas, blancas y negras. Todos tienen derechos a la existencia y a la búsqueda de una vida digna, reconocidos internacionalmente y refrendados por Bolivia. Se debe considerar en la estructura federal el desarrollo de autonomías mestizas, nativas, municipales, y regionales con el fortalecimiento de relaciones horizontales entre unidades territoriales con similitud de intereses, no sólo de tipo étnico y no solo con fronteras comunes, se debe apoyar la conformación de redes flexibles en los campos que los interesados consideren racionales y necesarios.
Una de las debilidades más graves del movimiento democrático en la última década de cambios ha sido la falta de unidad entre los sectores mestizos y nativos. Es indispensable el desarrollo de un frente común mediante la reflexión participativa y el desarrollo de la solidaridad entre los sectores que conforman los conjuntos departamentales. La reflexión participativa debe buscar la definición de principios que den sustento a la unidad departamental reconociendo las diferencias. Es recién en ese momento cuando se tendrá esclarecida la base principista para un auténtico desarrollo en la diversidad de la identidad del ser cruceño.
Similares argumentos son legítimos para el crecimiento de la conciencia en la macro región boliviana en un proceso ascendente. En el marco de la autodeterminación los aymaras tienen todo el derecho al desarrollo de sus modos productivos, a su cultura y su simbología en su espacio territorial, pero ese mismo derecho reconoce a los pueblos de valles y llanuras a darse sus modos productivos, fortalecer su cultura y su simbología, lo que implica el derecho a rechazar todo lo que les es extraño.
El Estado unitario se debe transformar en un Estado federal, de carácter coordinador y de gestión, obediente a las determinaciones elevadas desde abajo, al mismo tiempo que debe estar sometido a la vigilancia permanente del cumplimiento de sus responsabilidades. En la cúpula coordinadora se encontrará un Consejo de Estado conformado por representantes de los Departamentos, acompañado con su respectivo Órgano Legislativo y Judicial así como de la Policía Federal.
A nivel superior de cada Departamento se deben conformar a su vez las tres organizaciones coordinadoras con su correspondiente Policía Departamental, con todas las atribuciones que corresponden a un estado libremente determinado. Reservando para el nivel federal los aspectos del consenso de interes a nivel federal, así como las relaciones internacionales, la moneda, y aspectos jurídicos policiales de carácter federal.
Un país como Bolivia que se ha declarado amante de la paz y respalda su integridad con acuerdos internacionales ya existentes, siguiendo el ejemplo de 25 estados independientes[142] en el mundo y que no tienen fuerzas armadas, debe dedicar los recursos económicos utilizados por las fuerzas armadas para mejorar las condiciones de vida de los sectores marginados.
A lo largo de las luchas por los intereses locales la historia viene indicando tres alternativas de solución a este problema existencial: La autonomía y la federación, planteadas desde las bases departamentales y el chantaje separatista sugerido desde la cúpula del poder neocolonial como justificativo de las intervenciones de fuerza.
Ante el fracaso de la propuesta de integración nacional planteada desde los departamentos y promovida por los gobiernos nacionales durante todo el siglo XX, la autonomía se transformó en el tema de discusión de la primera década del siglo XXI. A pesar de la oposición del gobierno neocolonial, se ha avanzado en un proceso de aceptación formal de la autonomía, la que continúa sometida a la arbitrariedad del gobierno central. A fin de evitar el desafío de un enfrentamiento radical planteado desde el gobierno, los sectores de la democracia autonómica se han visto obligados a aceptar la imposición gubernamental, que evidentemente no responde a las necesidades de los departamentos, pero se ha evitado una masacre humana, se ha evitado una guerra civil y se ha evitado la provocación separatista del gobierno colonial. Una vez más ha soportado el pueblo cruceño la humillación de ver hollado su territorio por 20.000 mercenarios civiles, aparte de los aprestos militares para proceder a su ocupación, con lo que este planteamiento autonomista, de discriminación del ciudadano y de irrespeto del derecho a la autodeterminación de los pueblos nativos minoritarios y de los mestizos, ha fracasado.
La propuesta federalista fue motivo de intensa discusión en el siglo XIX, tanto a nivel local como a nivel nacional, la falta de argumentos del gobierno colonial, desencadenó 67 años de guerra criminal para someter a la Chiriguanía libre, concluida con la masacre de Kurujuky y ordenada por el chilenófilo minero Aniceto Arce; dispuso cinco humillantes invasiones del ejército colonial y de huestes[143] mercenarias a la ciudad de Santa Cruz y provocó una guerra civil fratricida a nivel nacional. Después de haber triunfado el federalismo mediante una cruenta guerra civil[144], el 1899, dirigida por el partido liberal, éste traicionó al pueblo boliviano e impuso nuevamente el unitarismo con el fusilamiento de los jefes consecuentes con el federalismo, cumpliendo vergonzosos compromisos del Gral. Pando con el gobierno de Perú.
La resistencia del gobierno a aceptar las aspiraciones democráticas y autonomistas reconocidas mediante la consulta directa a los pueblos ha provocado una intensa reflexión cuyas conclusiones llevan a reconocer el agotamiento de la democracia autonómica, motivo por el que cada vez crece más la consciencia de la necesidad de una reestructuración del estado, retomando el viejo planteamiento de contenido federal, ahora enriquecido con el contenido humanista, con el que se elimina el autoritarismo presidencial. No se plantea un federalismo al estilo de los que existen en América del Sur, ya que son presidencialistas y en ellos persiste el problema de la segregación. Deben tomarse de modelos las organizaciones federales más avanzadas logradas en el orbe. El ejemplo más antiguo y exitoso es la federación Suiza, formalmente conocida como Confederación Helvética[145], país de características muy parecidas a las de Bolivia por su variada geografía, por su contenido plurinacional y por su condición mediterránea. De contenido más moderno es la Unión Europea[146], se aproxima a una confederación o a una federación, pero no es ninguna de ellas, “Se trata, de hecho, de un nuevo tipo de estructura flexible, que no encaja en ninguna de las categorías jurídicas clásicas. Su sistema político es único en la historia y ha estado en constante evolución desde hace más de cincuenta años”. Se han creado otras organizaciones internacionales de menor complejidad y flexibilidad, en ellas la tendencia emergente es el reconocimiento del principio de la emanación de la autoridad desde las bases y sin injerencias en las cuestiones internas de cada miembro. Estos modelos plurinacionales son similares, en esta condición, a Bolivia y representan las expresiones más avanzadas del pensamiento universal. Estos son los modelos que se deben tomar como ejemplo en la búsqueda de soluciones a la álgida contradicción entre el monopolio del poder y las exigencias liberadoras de la diversidad nacional.
Una sociedad humanista está asentada en el reconocimiento de la conjunción de individuos libremente asociados sobre la base de la aplicación permanente del principio de la no violencia, mediante el diálogo reflexivo y respetuoso de los demás en la búsqueda de la resolución de los problemas. Son principios universales respetados a nivel internacional, refrendados y reconocidos por el gobierno de Bolivia cuando participa de estas organizaciones, razón por la que está obligado, para ser coherente, a aceptarlos y respetarlos a nivel interno.
Siendo el ser humano parte de la naturaleza, esta sociedad humanista debe considerar en forma prioritaria el equilibrio del género humano con el medio, como enseñan los ancestros de valles y llanuras, según J. Riester (1984 p. 29 a 31) “la naturaleza es nuestra hermana y como tal debemos cuidarnos mutuamente”. Es evidente que la concepción de la naturaleza como hermana del ser humano plantea una diferencia de fondo respecto a la madre tierra de los aymaras. Mientras que para estos lo importante es la tierra, evidentemente cuando se mira el Altiplano lo único que se ve es la tierra, de la que esas poblaciones viven. En cambio los amazónicos platenses, aparte de la tierra tienen una exuberante biodiversidad, razón por la que ellos hablan de la naturaleza como concepto mucho más totalizador. Pero la diferencia fundamental es que mientras el llanero y valluno, en aplicación del principio del respeto al otro, toma a la naturaleza en equilibrio con el ser humano al considerarla su hermana, el aymara adopta una actitud de sometimiento al considerar a la tierra como su madre. Concepción que responde a la conformación de una sociedad sumisa a las imposiciones del poder, el ser humano supeditado a la tierra. Percepción que lleva a aplicar las conclusiones de la Internacional Humanista registradas en (1993, p. 5) con las que censura la supeditación del ser humano a la tierra “"La Tierra primero", gritan histéricamente, recordando las proclamas del nazismo. Desde allí a la discriminación de culturas que contaminan, de extranjeros que ensucian y polucionan, hay un corto paso. Estas corrientes se inscriben también en el anti-humanismo porque en el fondo desprecian al ser humano”[147].
Lo que aquí se resume son apenas lineamientos básicos, ya que el desarrollo de la federación humanista será el resultado de la aplicación  sistemática de la reflexión colectiva, teniendo como orientación práctica la valiosa experiencia ya adelantada de la cultura chané y los aportes de las experiencias de la Federación Suiza, la Unión Europea y otras experiencias universales.
La federación humanista es la única alternativa para preservar Bolivia al margen de su balcanización. Los cinco años de provocación que se han vivido deben enseñar que la unidad no se logrará con mediciones de fuerzas al borde de la guerra civil, ello acerca cada vez más a nuevos puntos de bifurcación, tan buscados por GA y el MAS, cuyos peligrosos resultados sólo dependen de alianzas políticas circunstanciales y en la experiencia mundial han dado muchas veces como resultado la división territorial como sucedió con Yemen, con Corea, con Etiopía, con Checoeslovaquia, con Yugoslavia, con la Unión Soviética y muchos más de una interminable lista de secesiones. El gobierno debe ser el primer interesado en desarrollar políticas que no pongan en tales riesgos la unidad y tranquilidad del pueblo de Bolivia.
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[21] Las reconocidas y algunas no reconocidas por la Constitución Política del Estado vigente.
[22] Derivación guaraní de Chiriguaná, significa mestizo “el que ha tomado mujer chané”. Melià B. Ñande Reko. La Paz. 1988. Pifarrè, F., La historia de un pueblo. 1989. Albó, X. La comunidad hoy. 1990.
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[43] Carlos Mesa Gisbert. (1983) Manual de historia de Bolivia. Gisbert y Cia. La Paz.
[44] El uso de la “k”, en las palabras nativas, se prefiere a la “c” por su mayor fidelidad fonética.
[46] Jordán, A. (2005) Kandire… Santa Cruz.
[48] Ver Ibarra Grasso. Pueblos…
[49] Antelo S. (2010) Hacia la toma del poder.

[50] Foucault, M. (2010) Aproximación a claves de su pensamiento. De M. Insp. Mag. Douglas Ifrán,

    http://www.monografias.com/trabajos12/foucuno/foucuno.shtml. 2010

[51] Levillier, R. (1976). El Paititi, El Dorado y Las Amazonas. emecé Editores. Buenos Aires
[52] Grigotá era un titulo equivalente a decir inca, zar o faraón. Ver Alcaya en relación cierta.
[53] Sanabria H. (1961) Cronistas cruceños.  Relación cierta... de Felipe de Alcaya. Pub. UAGRM, Santa Cruz,
[54] Gandía, E. (1935). Historia de Santa Cruz de la Sierra. Buenos Aires
[55]El concepto de libre se usa como expresión de la participación voluntaria en la conformación de la  unidad nacional
[56]Jordán, A. (2008.04) Kandire y Humanismo Bol. 61 de la Soc. Est. Geog. Hist. Santa Cruz, Graf. Sirena. Santa Cruz    http://kandire.blogspot.com/2009_02_01_archive.html . 2010
[57] Ver Kandire de Alvaro Jordán. 2005

[58]Jordán, A. (2009) Kandire y Humanismo. http://kandire.blogspot.com/2009_02_01_archive.html   2010.

[59] Finot, E., (1978). Historia de la conquista del oriente boliviano. p. 92  Edit. Juventud. La Paz.

[60] Jordán, A., (2010) Recuperando nuestro Ñande Reko. Santa Cruz,   http://humanismochane.blogspot.com/2010/02/recuperando-nuestro-nande-reko.html. 2010

[61] Taremacua E. R., (2008) Los grandes errores del Conquistador. Imp. Estrella de Jacob. Santa Cruz.
[62] Nombre que tomó el acuerdo de frontera del 1494, entre las coronas de España y Portugal.
[63] La frontera entre chiriguanos y kollas unía los pueblos de Mizque, Tomina y Tarija. Mizque hasta el 1783     perteneció a Santa Cruz.
[64] Testimonio de Hernando Salazar citado por E. Finot. Hist… p. 168. 1979. 50 españoles quedaron en la hueste de Chaves, después de la sublevación y retorno a Asunción del grueso de la hueste.
[65] Conjunto social que adopta como suya la cultura española y como origen de la cultura nacional y cruceña.
[66] Zavaleta, R., (1967) Bolivia El Desarrollo de la Conciencia Nacional. 1967
[67] Jordán, A. (2010.05.15) Homenaje a la Gobernación de Mojos. Santa Cruz.
[68] Taremacua, E. R. (2008) Los Grandes Errores del Conquistador. Imp. Las Estrellas… Santa Cruz.
[69] Jóvenes nativos criados en el hogar familiar, como servicio de mano sin remuneración.
[70] Finot, E. Historia de... (1978) Nombramiento de Zurita por Toledo.
[71] Ramallo, VH. (1997) Memoria Histórica, Museo Catedralicio Mñor C. Géricke.
[72] Mburuvicha Guasu: en guaraní “Jefe grande”, autoridad de sector comunitario.
[73] Pifarrè, F. (1988) Historia de un pueblo. La Paz.
[75] Jordán, A. (2005) Kandire, origen y evolución del llano boliviano. Edit. Universitaria. Santa Cruz.
[76] J. Barba F., J. (2008) Mojos y jesuitas. Apuntes sobre el periodo reduccional. Madrid.
[77] Quispe. F. (1999) Tupak Katari. Edit. Quelco. Oruro.
[78] Moreno, G. R. (1970) Últimos días coloniales en el Alto Perú. Edit. Juventud. La Paz.
[79] Ramos, J. A. (1968) Historia de la nación latinoamericana. Edit. Peña Lillo. Buenos Aires.
[80]El sufijo “do” en español vulgar se pronuncia “o”, la influencia nativa lo deformó en “u”. El “cruceñejo refinau” la transforma en “o”, dice majao en lugar de majau y el “superrefinau” dice majado, Colorado Mercado. Éste es un apodo popular nativo y su expresión es “Colorau Mercau”.
[81] Darwin Pinto. (2008.02.02.) El Deber.  Santa Cruz de la Sierra.
[82] Wilson García Mérida. ¿Por qué Marx repudió a Bolívar?
[83] Carvalho, R., (2010). Manual de historia de Bolivia. Imp. Landivar. Santa Cruz.
[84] P. Peña. (2003). Lo Cruceño. Prod. EDOBOL. La Paz.
[85] Neocolonial
[86] García M., G. (1989) El General en su laberinto. Edit.  Oveja Negra. Colombia.

[88] Wikisource.  (2010.05.25) Tratado sobre demarcación de fronteras entre el Perú y Bolivia 1902.

  http://es.wikisource.org/wiki/Tratado_sobre_demarcaci%C3%B3n_de_fronteras_entre_el_Per%C3%BA _y_Bolivia_1902

[89] Zavaleta M., R. 1967. Bolivia El Desarrollo de la Conciencia Nacional. Bolivia
[90] Interpretación del Ing. Arnulfo Camargo comunicada personalmente.
[91] “chapi” significa joven varón, “ä” significa esencia inmortal del ser humano, “guazú” significa grande.  “tüpä” significa Dios. Ver el Diccionario Guarayu Ñe`ë. Academia del idioma Guarayu.2005.
[92] Kurujuky. Comunidad guaraní a dos kilómetros de la carretera de Camiri a Cuevo, en Santa Cruz.
[93] D`orbigny, A. (1945) Viaje a la América meridional, T III. Edit. Futuro, Buenos Aires.
[94] Peña, P. Barahona, R. Rivero, L. E. Gaya, D. (2003) Lo cruceño. EDOBOL. La Paz.
[95] Sanabria, H. (1988) En busca de Eldorado. Edit. Juventud. La Paz.
[96] Durán, E. Pinckert, G. (. 1988) La revolución igualitaria de Andrés Ibáñez. Edit. Universitaria. Santa Cruz
[97] Nombre que se dan los descendiente de los antiguos “mancebos de la tierra”
[98] Villavicencio, V. (1989) Nuestra Historia Los Guaraní-Chiriguano. Serie popular CIPCA. La Paz.
[99] Velasco, R. (2003) La sangre de todos. Edit. Plural. La Paz.
[100] Sociedad de Est. Geog. e Hist. (2003.07) Memorándum del 1904. Btn. Nº 55. Santa Cruz.
[101] Sistema de esclavitud en Bolivia, vigente hasta el primer congreso indígena de 1945.
[102] Dabdoub, C., (2010.06.18), Entre Santa Cruz y Uncía, El Deber, Santa Cruz. 
[103] Art. 172 de la Constitución Política del Estado vigente hasta el 25 de enero del 2009
[104] Blanes, j., (1999) La descentralización en Bolivia: avances y retos actuales. La Paz.
[105] HCMSC. (2010)Historia del edificio del Consejo.
[106] El paréntesis es inclusión del autor.
[107] Molina, C., (2002) BOLIVIA con participación popular: Un estudio de caso nacional
[109] Tarcaya, F., Indigenismo e indianismo. http://www.katari.org/indigenismo-e-indianismo/ 2010
[110] García, A., (2008.04) La “nueva izquierda” del presidente Morales. Le Monde Diplomatique, España.
[111] Carnero, G., (1971.03.13) Tesis India. http://www.faustoreinaga.org/home/?cat=33 2010
[112] Asamblea del Pueblo Guaraní. (2006.05) Propuesta a la Asamblea Constituyente. Chaco boliviano.        http://www.google.es/#hl=es&&sa=X&ei=H5QLTMbiNcTflgeYr4CeDw&ved=0CBQQBSgA&q=Ore+%C3%B1emongeta&spell=1&fp=c19a30ac57841b38
[113] García, A., (2006) El evismo: lo nacional-popular en acción. El Juguete Rabioso Nº 150. La Paz.
[114] García, A., /2006.01) Le Monde Diplomatique. Capitalismo andino-amazónico.
[115] García, A., (2010.04.09) La construcción del Estado. Conferencia Magistral, Facultad de Derecho UBA.
[116] Soliz, A., (2010.3.05) ¿Y el capitalismo andino? Ed. Impresa Puntos de Vista   
[117] Confederación Indígena de Pueblos del Oriente de Bolivia
[118] Jordán, A., (2007) Poder y Democracia I. Conferencia en la 8ª Feria Internacional del Libro, Santa Cruz.
[119] Natural del departamento de Santa Cruz, y no sólo de la capital.
[121] Vivencia personal en la comunidad de Tentayape, 2005 y 2007
[122] Fromm, E., 1987. El miedo a la libertad. Edic. Paidos. Bs. As.
[123] Marx, K., (1844) Manuscritos económicos y filosóficos. Cap. Trabajo enajenado.
[124] García, A., (2004.01.20) Democracia liberal vs. Democracia comunitaria.
[125] García, A., (2010.04.09) La construcción del Estado. Conferencia Magistral, Facultad de Derecho UBA.   http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=3072 2010
[126] Aclaración en paréntesis del autor.
[127] El Gran Houdini. Conocido ilusionista internacional, húngaro-americano. 1874-1926
[128]García, A., (2010.04.09) La construcción del Estado. Conferencia Magistral, Facultad de Derecho UBA.      http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=3072 2010
[129] Fukuyama, F., (1992). The End of History and the Last Man. Free Press. New York.
[130] Jordan, A., (2010.02) Recuperando nuestro Ñande Reko. Homenaje a la Gobernación de Mojos.   Santa Cruz. http://humanismochane.blogspot.com. 2010.
[131] Peña, P., Barahona, R., Rivero, L.E. Gaya, D. (2003) La permanente construcción de lo cruceño. Fund. PIEB. La Paz.
[132] Castells M. (2003.02.18) El poder de la identidad.
[133] World Values Survey. Centro de investigación estadística de la Universidad de Michigan.
[134] En la Federación Helvética cada cantón es responsable de su sistema educativo.
[135] Se evita el adjetivo “indígena” por tener un contenido, tradicionalmente, de tipo peyorativo. La    aprobación de su uso en un Congreso no elimina la histórica discriminación que conlleva.
[136] Álvaro Jordán. (2010.03) Símbolos de hegemonía aimara. Santa Cruz.
[137] Ayo Diego. (2009) Cuaderno de Análisis político de coyuntura. PNUD, La Paz
[138] Jordán, A. (2009.05.25) Proclama del Humanismo Superior. Santa Cruz.
[139] Jordán, A., (2010.06.07) Conferencia: Poder y Democracia I. 2007.
      http://humanismochane.blogspot.com/ 2010
[140]Temple, D., Chabal, M. (2003) T I, La reciprocidad y el nacimiento de los valores humanos. T II, La                         economía de la reciprocidad. T III, El frente de civilización. Edit. “Garza Azul”. La Paz.      
[141] Zavaleta M., R. (1998) 50 años de Historia. Edit. Los Amigos del Libro. Cochabamba
[143] Olmedo Ll., O. (2006) Paranoia Aimara. Plural Editores. La Paz.
[144] Velasco R., R. (2003) La sangre de todos. Plural Editores. Bolivia
[145] Jordán, A., (2009 19 03) Diferencias entre ricos y pobres.
[146] Unión Europea. 2010. ¿Cómo funciona la Unión Europea?
[147] Internacional humanista. (1993 04 05) Documento del Movimiento Humanista.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
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